Juan Vanrell Nadal/ Es evidente que el chantaje es un ardid muy sutil. Los dirigentes y las instituciones pancatalanistas, además de su FABULACIÓN sin límites y de su VICTIMISMO sin medida, usan el chantaje con habilidad magistral. “Els catalans som diferents” proclaman por doquier. Los españoles, genuflexos, deberemos adorarles como el sol, la luna y las estrellas adoraban al José bíblico…
Los valencianos y los mallorquines hemos de afrontar incólumes las embestidas impúdicas de este pancatalanismo que, con engaño, nos roba el tesoro de nuestra lengua vernácula, muchísimo más antigua que la suya. Según ellos mismos, “CATALUNYA TE MIL ANYS”. En cambio los nombres de Valencia y de Baleares ya existían en tiempo de Roma y de Cartago. Aníbal exaltaba la valía de los honderos baleáricos. Esta realidad histórica no les interesa, prefieren el chantaje. Comentemos algunos:
A “S’Arenal Unit” le han quitado la subvención municipal. Algunos de sus colaboradores vamos desmontando las falacias del “català” usurpador. Esto desagrada a la progresía “embellumada” del tripartito que rige el municipio… Lo innegable es que “S’Arenal Unit” es un paradigma de unión y respeto. Encontramos artículos en puro catalán (Pare Jordi), en puro malloquín (Guiem Amengual), en mallorquín “salat” con ortografía catalana (Jaume Oliver) y lógicamente en castellano y hasta “en forasté”… Un auténtico modelo de convivencia pacífica sin distinción de ideologías. ¡Enhòrabòna, señó Directó, y endevant!
En Valencia tenemos también un caso reciente. Ha sido completamente ignorada la presentación y publicación del libro “TODAS LAS PRUEBAS CONTRA LA MENTIRA CATALANISTA”, cuyo autor, D. Juan García Sentandreu, es un dechado de valencianismo valiente y cabal. Políticos, medios de comunicación e instituciones oficiales le han hecho el vacío total. Desmiente meridianamente las mentiras del pancatalanismo chantajista que pretende hacernos de estirpe catalana. ¡Gracias, Juan, y a seguir inasequibles al desaliento!
Los casos de chantaje catalanista no tienen límite ni fin. Brevemente narraré algunos que he vivido personalmente:
A “S’Acadèmi de sa Llengo Baléà” la Consellería no le aceptó los Estatutos escritos en mallorquín. Tenían que estar en catalán. Para su aprobación se presentaron en castellano…
En la década de los años 1990 el periódico “EL MUNDO/DIA DE BALEARES” publicaba de vez en cuando artículos míos en defensa de LA VERDAD de nuestra esencia lingüística. Un buen día no se publicaron más. El Director de entonces, D. Eduardo Inda, lo lamentó amparándose en que cumplía órdenes superiores. Me enteré posteriormente de que la propiedad fue avisada de que perdería subvenciones oficiales si seguían publicando mis artículos “crispadores”…
En 1950 estaba en el Colegio La Salle de Mahón. Con algunos antiguos alumnos fundé el “C. B. LA SALLE-MAHÓN”. El equipo tuvo brillante ejecutoria deportiva. Con el nombre “MENORCA” jugó varias temporadas en la élite del baloncesto español… En el año 2000 el Colegio celebró solemnemente las Bodas de Oro del Club. Escribí muy gustoso la historia de estos 50 años. Contaba que en sus inicios los jugadores tenían que pagarse su equipaje, marcar con cal los límites del campo de juego, colaborar en los desplazamientos, ayudarme en los problemas que nos ponía el Hno. Director, pues el Colegio era pobre de solemnidad. (Los alumnos pagaban de 15 a 20 pesetas mensuales según la clase --10 ctmos. de euro en dinero actual-) Centrándonos en la trayectoria de estos 50 años, relataba anécdotas curiosas. Por su interés el Ayuntamiento de Mahón se ofreció para su publicación. Esto sí, sería en catalán. Como me negué a ello, dicha historia debe yacer olvidada en algún cajón del Colegio…
Los gobiernos políticos de la izquierda valenciana y balear, ahora en el poder, chantajean sin pudor. Dan subvenciones copiosas a todas las entidades catalanistas, mientras las niegan o merman a las que no adoran el becerro de oro catalán (Lo Rat Penat, Nòu Valencianisme, G.A.V., G.A.B., Fundaciones, etc., etc., etc.). Estos gobiernos, desde su enorme poder político, pisotean dos derechos fundamentales: LIBERTAD Y DEMOCRACIA. ¿Es acaso auténticamente democrático apoyar la lengua catalana en detrimento de la española?... El primer y principal requisito para ser funcionario o profesor en centros públicos es el título de “català”, no la preparación para el destino. (¿Puede explicarme alguien por qué nuestra izquierda es en Valencia y Baleares más catalanista que los propios catalanes?...) Sin profesión pública de fe catalanista es difícil medrar y obtener ayudas… Tengo una anécdota personal significativa. En una notaría de Palma me preguntó amablemente el oficial cómo me iban “les vacances”. Con idéntica amabilidad le expliqué que las palabras latinas que en plural terminan en …TIONES, en castellano lo hacen en ….CIONES y en mallorquín en ….CIONS (orationes: oraciones, oracions; actiones; proclamationes: proclamaciones, proclamacions; directiones, direcciones, direccions; vacationes: vacaciones, VACACIONS; y así un largo etcétera). “VACANCES” es puro galicismo heredado de los más de 450 años que la “Marca Hispánica”, la Cataluña actual, fue soberanía francesa. Con gesto de sorpresa me replicó: “Uuuuuy, vostê emb aquestas idèas no farà carrera a Mallorca”… Si pasamos al panorama de los colegios concertados veremos que tienen colgada la espada de Damocles que puede cortarles subvenciones, autorizaciones y demás. En Valencia algunos colegios deberán suprimir aulas de bachillerato -todas, los colegios del Opus- porque así lo dispone y ordena el Conseller, Sr. Marzà, en contra de la voluntad de los pades afectados. ¿Es esto libertad democrática o despotismo dictatorial? Un diario valenciano da la respuesta: “La filosofía política de Marzà es totalitaria. Afecta a todos los ámbitos de la vida. Busca la construcción de los países catalanes. Destierra la lengua española de la enseñanza e incide en el adoctrinamiento de los niños. En los colegios públicos muchos directores y profesores tratan de vendernos la burra a los padres diciéndonos que es para bien de nuestros hijos” (LAS PROVINCIAS. 06-05-17. Pág. 2)… ¡Chantaje subyacente total!
Para terminar, todo mi aliento a los buenos valencianos y mallorquines a que no claudiquen ante tanta mentira y chantaje pancatalanista. Que no sean ingenuos como Pére Rotger, exalcalde de Inca e impulsor del “.cat” en Baleares. Me alardeó de que él y su familia eran los más mallorquines del mundo, “emperò, axò sí, que ningú me tòqui es CATALÀ DE MALLORCA, perque ês sagrat”… Con alcaldes de tamaña incongruencia no caben más incultos en mi tierra… Nosotros, convencidos y orgullosos, seguiremos defendiendo el tesoro de nuestra lengua. |
| Juan Vanrell Nadal Catedrático de Francés Pte. de la Acadèmi de sa Llengo Baléà. Premi Llealtat 2009. Premi Palleter. |
Lo Crit del Palleter
El palleter Vicente Domenech, patriota valenciá. Cuadro pintat per Joaquín Sorolla
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sábado, 17 de junio de 2017
El chantaje que no cesa
sábado, 19 de marzo de 2016
Se refuerza el catalanismo que ha definido a la AVL desde su constitución
La simple elección de Joan Francesc Mira, presidente de Acció Cultural del País Valencià, entidad encargada de expandir la lengua y culturas catalanas en Castellón, Alicante y Valencia, ya ha sido bastante para que desde diversas fuentes del valencianismo cultural se cuestione. Mira, escritor (miembro de la Associació de Escriptors en Llengua Catalana), traductor, sociólogo y antropólogo, aseguró en una entrevista a 'ara.cat' el pasado 24 de octubre que «la canallada más grande fue quitarnos el nombre: País Valencià». Un mes antes el timonel de ACPV mostró su desacuerdo en el nombre de la lengua y el de la autonomía. «No hemos sido capaces de asegurar los mínimos acuerdos cívicos y políticos en temas sustanciales como los símbolos, la lengua, la imagen del país, o la defensa del territorio y del patrimonio cultural», escribió el último 9 de octubre en el diario Avuí. Siendo todo ello cierto, desde El Palleter nos sorprende la grandilocuencia con la que se expresan los medios afines al PP, puesto que la AVL SIEMPRE ha tenido una actitud de absoluta colaboración con el catalanismo. El supuesto “sector valencianista” de la institución nunca ha existido, simplemente conformado por algunos aprovechados que votaron por unanimidad todos los dictámenes de esta institución, entre ellos, el Dictamen de la Llengua, donde se reconoce expresamente la unidad lingüística y la inexistencia del valenciano como idioma diferente y diferenciado del catalán. Es necesario recordar que la mayoría absoluta del PP valenciano sirvió para crear la catalanista AVL, blindarla en el Estatut y regalársela al catalanismo, puesto que era un momento donde se buscaba la “paz lingüística” y acabar con el valencianismo político, aunque todo ello supusiera terminar también con la identidad valenciana, cosa que lógicamente consiguieron. Que nadie se confunda, el PP no es la solución contra la AVL, el PP fue el problema y quien la creó.
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| Las Provincias |
jueves, 21 de enero de 2016
Los gestos inútiles del PP
Manuel Latorre / Anda una parte de la parroquia valencianista eufórica estos días ante la profusión de señeras vistas el pasado 14 de Enero durante la sesión de Las Cortes Valencianas donde se derogó la Ley de Señas de Identidad. No importa que esta fuese la crónica de una muerte anunciada. Ni que la ley fuera aprobada en la última sesión de la anterior legislatura, después de 24 años de gobiernos populares. Lo importante en el solar en que anda convertido el valencianismo es que los diputados del PP exhibieron unas cuantas señeras durante la sesión. ¡¡Mare meua!!
Estamos hablando de una ley en la que si hubiesen creído en el partido popular, no habrían esperado al último momento para llevarla a Las Cortes y aprobarla gracias a la que ya se sabía sería su última mayoría absoluta. Si realmente querían defender los símbolos valencianos lo tendrían que haber hecho desde el minuto uno de sus sucesivos mandatos y no copiar la Ley de Iniciativa Popular Para la Defensa de los Símbolos Valencianos que CV presentó en 2008 ante una mesa de Las Cortes controlada por el PP que la rechazó sin más (Así lo reconoció Javier Montes, Director General de Desarrollo Estatutario en una entrevista que tuve con él)
¿De qué nos sirve ahora que el PPCV pretenda escenificar su gran valencianismo con este numerito cuando no se lo han creído en todos estos años? Victima de su eterno complejo de derechas no se daban cuenta de que estaban legislando en contra de sus votantes naturales y que más pronto que tarde éstos acabarían echándolos del Palau de la Generalitat y que, a diferencia de ellos, a un gobierno catalanista como el que tenemos no le iba a temblar el pulso a la hora de llevar adelante su programa. Habían prometido que derogarían la Ley de Símbolos del PP y lo han hecho a la mayor brevedad posible.
Lo peor de esto no es la derogación en si. Después de todo los chicos de Oltra han hecho lo que se esperaba de ellos, sin complejos y como parte de un plan perfectamente trazado para terminar de catalanizar a toda la sociedad valenciana. Ellos no han engañado a nadie, son y serán pancatalanistas. Lo grave es lo de un PP que continúa con sus mismos vicios, con sus intentos de controlar el movimiento valencianista por medio de su marioneta al frente de Lo Rat Penat, Enric Esteve, sin darse cuenta del total descrédito de éste después de demasiados años haciendo lo imposible por satisfacer a los que gobernaban y pagaban.
Se equivocó envolviéndose una vez más con la señera un PPCV en horas tan bajas que es incapaz de ver más allá de su miedo a que se destapen más casos de corrupción. Tampoco ahora desde la oposición son capaces de hacer una política auténticamente anticatalanista que les reconcilie con muchos de esos votantes que les dieron la espalda hartos de los escándalos que les salpicaban y de ver cómo su valencianismo era mero papel mojado.
No será fácil que la sociedad valenciana pueda perdonar a un partido que dejó campar a sus anchas al catalanismo en la Consellería de Educación. Que subvencionó a entidades como ACPV, Escola Valenciana, El Micalet, etc. Que dividió el valencianismo cultural sirviéndose de LRP para así poderlo controlar y que éste no fuese un constante recordatorio a su claudicación ante el catalanismo. Que permitió que sus alcaldes lejos de el Micalet llenasen las plazas de "marfegas" catalanas (Como el propio Alberto Fabra cuando era alcalde de Castellón durante la Magdalena) Que creó una academia valenciana de la lengua catalana (AVL), entregándole la mayoría de sus académicos al PSPV (17 de 21), permitiendo que el Institut de Estudis Catalans colocase a varios miembros....
Para que ese hipotético perdón se de y el PPCV pueda volver a ser visto como el partido valencianista que fue su predecesor, la APRV de los Martín Quiros y Gil Lazaro, han de ponerse las pilas. Han de pedir perdón a todos y cada uno de los valencianistas a los que han estado engañando todos estos años. Han de depurar a todos esos ex valencianista que provienen de UV y que utilizaron al valencianismo para su lucro personal (Jose Mª Chiquillo es el más claro ejemplo). Tienen que quitarse de encima a todo ese sector catalanista que a la sombra de la falla KingKong y con la excusa de darle un aire progre al partido se fueron colocando en los puestos principales hasta convertido en lo que es hoy . Necesitan urgentemente caras nuevas, creíbles, no implicadas en casos de corrupción y que se crean de verdad el discurso anti catalanista.
...Solamente desde este proceso de profunda catarsis el PP podrá volver a aspirar a gobernar de nuevo en el Reino de Valencia. No será un proceso fácil, muchos se resistirán con uñas y dientes aferrados al sillón. Pero la base social es muy amplía y la necesidad de volver a contar con un partido valencianista fuerte imperiosa. Soy el menos indicado para proponer nombres que colocar al frente de esta nueva etapa, pero seguro que todos tenemos en mente a unos cuantos políticos del actual PP que podrían liderarla. Este es el camino y no el de los numeritos de cara a una galería que hace tiempo dejó de creer en ellos.
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| MANUEL LATORRE (Ex President del Grup d'Accio Valencianista) http://www.elpalleter.com/actualitat/opinions/noticies/2008/latorre200116.htm |
martes, 15 de diciembre de 2015
Puig abre las puertas de la Generalitat Valenciana al catalanismo más rancio de Eliseu Climent.
Un capítulo más de la historia reciente se ha comenzado a reescribir esta mañana con el aterrizaje del histórico editor Eliseu Climent, ex presidente ejecutivo (hoy honorífico) de Acció Cultural del País Valencià, en el despacho oficial del Palau de la Generalitat. La llegada del PSPV y de Compromís al Gobierno ha permitido el retorno a las esferas de poder de quien fue durante años la cara más combativa del pancatalanismo, armado contra el Partido Popular con munición de alto calibre en forma de varios millones de euros desde la Generalitat de Cataluña. Probablemente Climent ya habría pisado las moquetas del Palau de la Generalitat en alguna visita discreta desde que se produjo el relevo en la Generalitat. Pero esta mañana ha aparecido como acompañante del ex presidente catalán Pasqual Maragall, y de su esposa, que han sido recibidos oficialmente por el jefe del Consell, Ximo Puig. La presencia de Climent, obviamente, no se había anunciado. En el equipo de Presidencia señalan que la recepción estaba preparada para Maragall y que Climent ha sido un simple acompañante. Eliseu Climent ha sido durante años un interlocutor privilegiado del Gobierno catalán. Desde los tiempos de Jordi Pujol, Edicions del País Valencià, Tres i Quatre, Acció Cultural y todas las fundaciones ligadas a la organización -ahora agrupadas en una misma sede, el edifici Octubre de Valencia- recibieron más de una decena de millones de euros en subvenciones de dinero público que han servido para financiar su rancio y trasnochado catalanismo. Lamentable baja de pantalones de Puig, que demuestra abiertamente su profunda convicción catalanista, muy alejada del sentir mayoritario del pueblo valenciano.
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| El Mundo |
jueves, 24 de septiembre de 2015
AUTOCOMPLACENCIA
Autocomplacencia:” Sentimiento de satisfacción producido por la propia manera de ser o actuar”. Esto que en principio seria algo positivo, se puede convertir en un autentico cáncer limitador cuando un colectivo tiene esa sensación sin ningún motivo para ello, creando una cortina de humo que le impida alcanzar los fines necesarios para conseguir ese objetivo que realmente le podría hacer sentir satisfecho. O lo que es lo mismo, la autocomplacencia es la justificación de los mediocres.
Durante muchos años los votantes ¿valencianistas? del PP se han sentido auto complacidos con su valencianismo de escaparate. No les preocupaba que durante veinte años a sus hijos y nietos se les haya enseñado catalán en los colegios, se les contara que Ausias March, Sor Isabel de Villena o Jaume Roig eran escritores catalanes, o que nuestra Real Senyera es un invento del franquismo. Poco importa si desde los diferentes gobiernos populares se ha venido subvencionando a entidades ultra catalanistas como ACPV o Escola Valenciana. ¿Que más da si Eduardo Zaplana pactó con Jordi Pujol la creación de un autentico caballo de Troya para la lengua valenciana llamado A.V.L.?
A ellos les basta para auto justificar su voto ¿valencianista? con que el candidato popular de turno se envolviera con la senyera mientras sonaba el himno regional.
Esa misma autocomplacencia ha hecho que el partido popular se sintiera satisfecho con los resultados electorales que iba obteniendo y no se plantease ni por un momento que su política cultural y educativa 100% catalanista estaba formando a los futuros votantes del Bloc-Compromis, y que desde su consellería de educación llevaban tiempo conspirando para desalojarlos del poder. Incluso hoy en día prefieren pensar que el batacazo electoral ha sido única y exclusivamente como resultado de la corrupción y que el hecho de que el votante haya terminado por asociarlos con el catalanismo no ha tenido nada que ver en ello.
Los partidos valencianistas repiten una y otra vez a modo de letanía que los pobres resultados electorales son en realidad el principio de algo. No quieren afrontar que la secular división del voto valencianista, unida a la falta de inversión en un partido propio por parte de la burguesía valenciana, llevan camino de convertir esta travesía del desierto en una tendencia irreversible. Pero en lugar de hacer examen de conciencia y reconocer que las múltiples traiciones de UV han condenado al valencianismo político al ostracismo para al menos los próximos 25 años. Prefieren caer en la autocomplacencia de decir que:”Anem pel bo cami” y que: “El seu proyecte es a mig i llarc plaç”.... Pues les deseo suerte.
Pero la más sangrante de todas las autocomplacencias es la que esta desembarcando en el movimiento valencianista de un tiempo a esta parte. Dirigentes inexpertos guiados por veteranos mediocres pretenden hacernos creer que cualquier demostración de valencianía, por pírrica e irrisoria que sea, es un triunfo. Que solo por tener ellos su segundo de gloría en las noticias de las 3 ya se ha ganado una batalla. Mientras el catalanismo se ríe de nosotros y el valencianista que ahora sí estaría dispuesto a echar una mano se desanima, ellos repiten que no esta mal para comenzar. No se cansan de hablar de “unió del valencianisme”, pero no dejan de crear más y más micro entidades que pretenden ser los nuevos palleters nada más llegar. Desoyen sistemáticamente las llamadas a la calma y a pensar a lo grande. ¡Un movimiento que ha organizado manifestaciones de cientos de miles de personas, no se puede sentir satisfecho por sacar 2.000 a la calle! (en el más optimista de los casos).
Si definitivamente los valencianistas nos acomodamos en la autocomplacencia, estaremos haciéndole el mayor favor al catalanismo. El de sentirnos satisfechos y no hacer nada para cambiar una tendencia que amenaza con arrasar con todo los logros ganados a pulso por la primera y segunda generación del valencianismo. Seamos críticos de verdad y por una vez analicemos qué esta pasando ¡Si nosotros no cambiamos, nada cambiara!
MANUEL LATORRE
(President del Grup d’Accio Valencianista)
Durante muchos años los votantes ¿valencianistas? del PP se han sentido auto complacidos con su valencianismo de escaparate. No les preocupaba que durante veinte años a sus hijos y nietos se les haya enseñado catalán en los colegios, se les contara que Ausias March, Sor Isabel de Villena o Jaume Roig eran escritores catalanes, o que nuestra Real Senyera es un invento del franquismo. Poco importa si desde los diferentes gobiernos populares se ha venido subvencionando a entidades ultra catalanistas como ACPV o Escola Valenciana. ¿Que más da si Eduardo Zaplana pactó con Jordi Pujol la creación de un autentico caballo de Troya para la lengua valenciana llamado A.V.L.?
A ellos les basta para auto justificar su voto ¿valencianista? con que el candidato popular de turno se envolviera con la senyera mientras sonaba el himno regional.
Esa misma autocomplacencia ha hecho que el partido popular se sintiera satisfecho con los resultados electorales que iba obteniendo y no se plantease ni por un momento que su política cultural y educativa 100% catalanista estaba formando a los futuros votantes del Bloc-Compromis, y que desde su consellería de educación llevaban tiempo conspirando para desalojarlos del poder. Incluso hoy en día prefieren pensar que el batacazo electoral ha sido única y exclusivamente como resultado de la corrupción y que el hecho de que el votante haya terminado por asociarlos con el catalanismo no ha tenido nada que ver en ello.
Los partidos valencianistas repiten una y otra vez a modo de letanía que los pobres resultados electorales son en realidad el principio de algo. No quieren afrontar que la secular división del voto valencianista, unida a la falta de inversión en un partido propio por parte de la burguesía valenciana, llevan camino de convertir esta travesía del desierto en una tendencia irreversible. Pero en lugar de hacer examen de conciencia y reconocer que las múltiples traiciones de UV han condenado al valencianismo político al ostracismo para al menos los próximos 25 años. Prefieren caer en la autocomplacencia de decir que:”Anem pel bo cami” y que: “El seu proyecte es a mig i llarc plaç”.... Pues les deseo suerte.
Pero la más sangrante de todas las autocomplacencias es la que esta desembarcando en el movimiento valencianista de un tiempo a esta parte. Dirigentes inexpertos guiados por veteranos mediocres pretenden hacernos creer que cualquier demostración de valencianía, por pírrica e irrisoria que sea, es un triunfo. Que solo por tener ellos su segundo de gloría en las noticias de las 3 ya se ha ganado una batalla. Mientras el catalanismo se ríe de nosotros y el valencianista que ahora sí estaría dispuesto a echar una mano se desanima, ellos repiten que no esta mal para comenzar. No se cansan de hablar de “unió del valencianisme”, pero no dejan de crear más y más micro entidades que pretenden ser los nuevos palleters nada más llegar. Desoyen sistemáticamente las llamadas a la calma y a pensar a lo grande. ¡Un movimiento que ha organizado manifestaciones de cientos de miles de personas, no se puede sentir satisfecho por sacar 2.000 a la calle! (en el más optimista de los casos).
Si definitivamente los valencianistas nos acomodamos en la autocomplacencia, estaremos haciéndole el mayor favor al catalanismo. El de sentirnos satisfechos y no hacer nada para cambiar una tendencia que amenaza con arrasar con todo los logros ganados a pulso por la primera y segunda generación del valencianismo. Seamos críticos de verdad y por una vez analicemos qué esta pasando ¡Si nosotros no cambiamos, nada cambiara!
MANUEL LATORRE
(President del Grup d’Accio Valencianista)
lunes, 14 de septiembre de 2015
¿ QUE ENGENDRO A VICENT MARZA ?
Parece que la irrupción de Compromís en el panorama político ha cogido con el pie cambiado a la opinión pública nacional. Nuevos actores fuera de la frontera autonómica valenciana que, sin embargo, jamás lo fueron para una sociedad civil que lleva años combatiendo sus felonías y manipulaciones. Y combatiendo también su gestación en el vientre de la educación pública valenciana y de la subvención robada a las personas realmente necesitadas. Me viene a la mente la paradigmática imagen de un adulto lleno de vicios y egoísmo arrancándole de las manos a un niño pequeño su golosina de los domingos.
“Cipriá Ciscar fue uno de los primeros chicos de los recados de Pujol que asentó su doctrina en los primeros albores de la invasión secesionista catalana”.
Grosso modo, éste es Vicent Marzá, un joven anciano vástago de uno de los dos gérmenes doctrinales alumbrados por el zurdo y pancatalanista Cipriá Ciscar desde la Consejería de Educación valenciana que ocupó a principios de los años ochenta. Uno de los primeros chicos de los recados de Pujol que asentó su doctrina en los primeros albores de la invasión secesionista catalana, y ¿cómo no?, el encargado de conducir las negociaciones entre el PSOE valenciano y Compromís en la sede del jingoísmo catalán en mayo de este año.
¿Cuál es este germen doctrinal construido bajo la albañilería socialista de los ochenta amparado por la Generalidad de Cataluña que vacía nuestros bolsillos?: Escola Valenciana.
No caigan en la trampa del adjetivo. Valenciana y no catalana porque sólo mediante la perversión de los términos se pueden maquillar las injerencias del gobierno catalán, jamás consentidas y siempre contestadas en la calle por los valencianos que defienden con lo puesto su derecho a ser valencianos y no peones de voluntades nacionalistas que violan sin clemencia lo más sagrado: la educación y libertad de nuestros hijos y su derecho a educarse a salvo de las injerencias políticas.
“Escola valenciana es dirigida por fundamentalistas subvencionados que enseñan a transformar señeras en cuatribarradas y esteladas para llevárselos a su cueva de los ¨Països Catalans”.
El derecho de nuestros hijos a recibir una educación que les ayude a ser competitivos dentro y fuera de nuestras fronteras. Que les ponga a salvo de fundamentalistas subvencionados que les enseñan a transformar señeras en cuatribarradas y esteladas para llevárselos a su cueva de los ¨Països Catalans”.
Esta Escola Valenciana goebbeliana es el motor de la ingeniería nacionalista catalana en Valencia y su labor es la de consolidar el proceso de construcción nacional que subvenciona Mas como en su día hizo Carod Rovira.
“Tan sólo un año antes de su elección como Conseller de educación valenciano-, recibía 110.000 € de Artur Mas para su entidad Escola Valenciana.”
En esa cueva nació Marzá, quien un mes antes de las declaraciones en las que ubicaba a la Comunidad Valenciana en los Països Catalans -y tan sólo un año antes de su elección como Conseller de educación valenciano-, recibía 110.000 € de Artur Mas para su entidad Escola Valenciana. Un oneroso incentivo que jamás pretendió ser destinado a los miles de niños en situación de emergencia social que la jefa de Marzá, la líder de Compromís Monica Oltra, acostumbra a denunciar en sus axiomas baratos y doctrinales presentados como titulares de prensa: “Nos encontramos en una situación de emergencia social” y “Si queremos cumplir con el objetivo de déficit, los recortes sacarán a los niños de las escuelas y los hospitales” ha afirmado en varias ocasiones. Los “rescata niños” gastando el dinero de los prometidos comedores escolares en sustentar a Escola Valenciana.
Las recientes declaraciones de la señora Oltra desvinculándose de las afirmaciones independentistas de su conseller Marzá han sorprendido a todo el mundo. Todo ello mientras se apresura a esconder en el armario sus entrevistas y devaneos en los medios oficialistas del nacionalismo catalán junto a Muriel Casals y Carmen Forcadell. “Disculpo a Marzá porque hace un año no era conseller”, dijo.
“Mientras Oltra reprime a Marzá en los medios públicos, esquiva su cese, tal como debería si en verdad no hace suyas sus palabras.”
Mentira. Vicent Marzá no llegó a la Consellería de Educación valenciana a pesar ni en contra de su doctrina ni de la señora Oltra. Marzá llegó precisamente por su doctrina y como exigencia de Oltra a los socialistas valencianos tras la debacle de Chimo Puig, quien debía encargarse de rematar la faena comenzada por Cipriá Ciscar en los 80 en los comicios de este año. Mentira, además, porque mientras Oltra le reprime en los medios públicos, esquiva su cese, tal como debería si en verdad no hace suyas sus palabras.
Marzá viene avalado además por el sindicato catalán intersindical STEPV, al cual ya ha comenzado a pagar en especias desplegando a sus afiliados por todos los colegios públicos valencianos. Favor con favor se paga.
“La Consellería de Educación jamás se contempló para los socialistas, vendidos como mercancía barata como si de un mercado secundario de “Beijing” se tratara.”
La Consellería de Educación jamás se contempló para los socialistas, vendidos como mercancía barata como si de un mercado secundario de “Beijing” se tratara. Dicha Consellería fue la última en repartirse en las peleas de Oltra y Puig, y Marzá fue la imposición de Oltra, que atendía a las exigencias de la parte más radical de la coalición naranja: El Bloc.
Mientras, el señor Chimo Puig, embutido en algún bañador de cobardía, disfruta de su vigésimo día de vacaciones tras apenas 45 en el cargo, diseña tras su hora de siesta la estrategia para contestar a tantas preguntas.
Mientras, los valencianos esquilmados por el pancatalanismo subvencionado les decimos que no pasarán.
FUENTE: CRISTINA SEGUI
martes, 7 de julio de 2015
El Consell y la Generalitat de Cataluña patrocinan un foro de catalán en Valencia
El rector de la Universitat de València, Esteban Morcillo, inaugura este martes el 17 Coloquio Internacional de Lengua y Literatura Catalanas, que tendrá lugar en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación del 7 al 10 de julio. La jornada cuenta con el patrocinio del Gobierno valenciano y la Generalitat de Cataluña y finaliza el viernes con una excursión por la Albufera. El congreso está organizado por la Asociación Internacional de Lengua y Literatura Catalanas (AILLC), que tiene como finalidad promover y fomentar los estudios de lingüística, filología y literatura catalanas. En esta edición, junto a la Facultad de Filología, ha colaborado en su organización el Instituto Interuniversitario de Filología Valenciana. El coloquio de este año, según explica el profesor Manuel Pérez Saldanya, presidente del comité organizador, concederá una atención particular al entorno cultural valenciano, a su tradición literaria y a los problemas de vertebración colectiva alrededor de la lengua, según la misma fuente. Sería bueno conocer si esta participación es fruto de la política del nuevo gobierno valenciano, o por el contrario, tiene su origen en el Consell anterior.
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| ABC |
jueves, 2 de julio de 2015
UN COLABORADOR DE LA ENCICLOPEDIA CATALANA, NUEVO CONSELLER VALENCIANO DE EDUCACION
Ximo Puig ha nombrado a un colaborador de la Gran Encicopledia Catalana conseller de Educación. Vicent Marzà, un castellonense nacido en 1983 en Castellón y diputado de Compromís, ha formado parte de Escola Valenciana, la entidad que ganó en 2014 el premio a la defensa del catalán y que en los últimos años ha recibido cuantiosas subvenciones por parte de la Generalitat de Cataluña.
Marzà es maestro, tiene plaza de funcionario y está especializado en inglés. El nuevo conseller de Educación emplea la fórmula de País Valencià para referirse a la Comunidad Valenciana y participó activamente en las movilizaciones del 15-M, según consta en su curriculum. Ahora, tras su paso por el Bloc, Compromís, el sindicato STPEV y Escola Valenciana toma las riendas de la conselleria de Educación y Cultura, una de las de mayor calado político y la segunda con mayor presupuesto (4.098 millones de euros para el presente ejercicio).
Vicent Marzà fue cabeza de lista a las Cortes Valencianas por Compromís en la provincia de Castellón y defendió el pacto alcanzado para concurrir a las elecciones con la filial de Esquerra Republicana de Cataluña en algunos municipios como Benicarló, donde los concejales de la formación celebraron la victoria electoral con banderas independentistas catalanas.
Marzà ha asegurado hoy a EFE que desarrollará su nueva responsabilidad "desde el diálogo y el consenso" con todas las personas relacionadas con las áreas de este departamento .
Marzà ha afirmado que asume el cargo "con muchísima responsabilidad, pero también muchísima ilusión", porque para un maestro y un "enamorado del deporte" ser conseller de esta área es "lo máximo que se puede hacer en política". "Estoy contentísimo, con muchas ganas de ponerme a la faena y de trabajar" en esta cartera, ha asegurado Marzá, quien ha indicado que quiere realizar "un papel muy potente de consulta, de participación, de diálogo y de consenso con los expertos y con las personas que están relacionadas con estas áreas".
Fuente ABC
lunes, 22 de junio de 2015
¿QUÉ PASA EN VALENCIA?
José Manuel Bou/ Realmente resulta muy difícil para los que no son valencianos (y a veces para los valencianos mismos) entender la política de nuestra comunidad. De la batalla de Valencia y las polémicas lingüísticas y simbólicas se pasó a las mayorías absolutas del PP, envueltas por una corrupción asfixiante, digna de los ambientes mafiosos más espeluznantes. Ahora que finalmente el PP parece haber sido destronado, si bien continua siendo el partido más votado a pesar de sus fracasos, nuevas guerras de banderas otean en el horizonte, eso si el PSPV y Compromis no se apuñalan mutuamente antes. ¿En qué consiste ese conflicto por las señas de identidad que parece no terminar nunca? ¿Por qué el PP ha logrado resultados apabullantes a pesar de los continuos casos de corrupción y que ha ocurrido en las últimas elecciones para que eso haya cambiado? En definitiva: ¿Qué pasa en Valencia?
La clave de este misterio valenciano hay que buscarla, a mi entender, en el tardofranquismo y la transición. En esta época se fragua lo que sería la futura izquierda valenciana durante la democracia, surgida, como en el resto de España, de la limitada lucha antifranquista, envalentonada a partir de finales de los 60 y, especialmente, a partir de la muerte de Franco en el 75. Lo que debemos entender es que esta lucha antifranquista valenciana, germen de toda su futura izquierda, fue dirigida y financiada desde Cataluña, por sectores nacionalistas del principado.
Desde la aparición de las primeras muestras de nacionalismo catalán en el siglo XIX, esta teoría, auspiciada por una burguesía enriquecida en el comercio textil con América y protagonista de algunos de los primeros intentos de industrialización de España, tropezó con la inexistencia de una base histórica para sustentarse. En efecto, Cataluña no había sido nunca un Reino, sino un conjunto de condados, el idioma catalán (que los primero nacionalistas pretendían una lengua anterior al latín) no había tenido ninguna muestra literaria destacable hasta ese siglo, Cataluña no había tenido instituciones autónomas, salvo las puramente medievales, desaparecidas desde la llegada de los Borbones. No había una base étnica ni religiosa ni cultural ni lingüística ni histórica sobre la que sustentar ese nacionalismo que la burguesía catalana intuía que tan rentable le podía resultar. Pero a grandes males grandes remedios. Si no existia base histórica… siempre podía inventarse.
El Reino de Valencia, su lengua y su cultura eran elementos clave en el proceso de falsificación de la historia del nacionalismo catalán, como instrumento de su burguesía para defender sus intereses económicos y comerciales. El valenciano como lengua tenía, precisamente, lo que le faltaba al catalán: muestras literarias significativas. De hecho, el primer siglo de oro de las lenguas romances corresponde al valenciano, con autores tan destacados como Joanot Martorell o Ausias March, antes incluso que al español o al italiano. Mientras, en los condados que ahora componen Cataluña, su legislación se dictaba en latín y sus primeros poetas escribían en provenzal. A falta de una historia propia, el nacionalismo catalán, simplemente, robó la valenciana.
No siempre la izquierda valenciana (o si se quiere, los sectores más liberales o progresistas) fueron cómplices de este catalanismo imperialista sobre el Reino de Valencia. El genial escritor y máximo representante político del republicanismo valenciano, Vicente Blasco Ibañez, publicó en la prensa de la época un artículo titulado “La peste catana”, como respuesta a los primeros intentos de “invasión cultural” de los vecinos del norte. ¿Qué ocurrió entonces en el tardofranquismo y la transición?
Así como la burguesía catalana basó su estrategia de predominio sobre Cataluña en fingir un conflicto de intereses (que solo podía ser cierto a nivel de élites, pero nunca del pueblo) con el resto de España, las clases dirigentes valencianas siempre fueron pactistas y cortesanas, y nunca plantearon dichos conflictos. Después de la guerra de sucesión, por ejemplo, la nobleza valenciana no vio interés alguno en solicitar del nuevo rey la devolución de los fueros, arrebatados como castigo por el apoyo al pretendiente austracista, porque estos no representaban para ellos ninguna ventaja especial respecto al derecho común de castilla. En otras regiones, como Cataluña, los fueros propios sí que marcaban diferencias económicas importantes, que permitían a los propietarios de tierras extraerles mayor beneficio en perjuicio de los jornaleros que las trabajaban, en relación a instituciones como la enfiteusis. La excusa era el valor de la tradición y, más adelante, fue interpretado como una especie de proto-nacionalismo (que vemos exhibido en la “diada”, convertida en orgía de separatismo año tras año), pero la causa real era meramente crematística. Lo cierto es que Casanova llamó a luchar a los barceloneses contra el pretendiente Borbón “por España” y que ante la presión de la nobleza catalana, los fueros fueron devueltos poco después, para que pudieran seguir explotando a gusto a los propios campesinos catalanes. Como vemos, la historia del nacionalismo catalán es la historia de la manipulación de su pueblo por sus élites para poder exprimirlo mejor, fuera en el siglo XIX con la enfiteusis o en el XXI con las cuentas en Suiza de la familia Pujol.
Los dirigentes valencianos, en cambio, prefirieron la estrategia de la castellanización y la colaboración con el poder central, al no encontrar nada que ganar en la reivindicación local. Este esquema se repetiría, en parte, durante el franquismo. Durante la Guerra Civil, los crímenes cometidos por el bando republicano en Cataluña, incluyendo las purgas internas, con una guerra sucia declarada entre estalinistas por un lado y anarquistas y trotskistas por otro, en Barcelona en el 37, provocaron que el nacionalismo moderado, representado por Cambó, apoyase el alzamiento nacional y que Cataluña fuera la región de España que más voluntarios aportara al bando nacional. Todo el victimismo nacionalista posterior, interpretando la Guerra Civil como una “invasión de España contra Cataluña” es, de nuevo, una burda falsificación. Sin embargo, al llegar a los últimos años del franquismo, parte importante de las élites catalanas, las 300 familias que llevaban predominando desde un siglo antes, consideraron, cara a la nueva situación que se abría, que para defender e incrementar su prosperidad, debida en gran parte a las políticas del franquismo, convenía levantar el fantasma del nacionalismo de nuevo. El antifranquismo catalán estuvo financiado e impulsado por esas élites (una plasmación muy gráfica de este fenómeno la encontramos en que el conde de Godó, editor del ortodoxamente franquista en vida de Franco y nacionalista después, La Vanguardia, editaba también el Papus, revistilla basura de propaganda antifranquista y de ultraizquierda, que se prodigó durante la transición). Pero el nacionalismo catalán chocaba, una vez más, con el obstáculo de siempre: su falta de consistencia histórica. Una vez más necesitaba robar a los valencianos, la lengua, cultura e individualidad histórica que ellos no tenían. Las “300 familias” no solo financiaron el antifranquismo catalán, imprimiéndole un nacionalismo antiespañol feroz, sino que también financiaron al antifranquismo valenciano, huérfano de atención en Castellón, Valencia y Alicante, donde las élites locales esperaban a verlas venir, sin pensar que forzar un sentimiento de hostilidad con el resto de España tuviera utilidad ninguna.
De este modo nació una generación de intelectualoides valencianos financiados desde Cataluña y, por lo tanto, como buenos estómagos agradecidos, furibundos catalanistas: Fuster, Enric Valor, Estellés, etc. Por desgracia la izquierda valenciana se basó en ellos y no en Blasco Ibáñez, por ejemplo, para tomar sustento intelectual. Las consecuencias de esto las seguimos soportando hoy en día y todo indica que las vamos a soportar mucho más durante los próximos 4 años.
Así las cosas, al iniciarse la transición y tomar el poder la izquierda en las instituciones valencianas, esa izquierda cuyos líderes habían sido educados en el catalanismo, actuaron consecuentemente a su concepción manipulada de la historia y comenzaron a utilizar unos símbolos pancatalanistas, completamente ajenos al sentir del pueblo valenciano, para estupor de la ciudadanía, incluidos la mayoría de sus propios votantes. Fue inevitable, entonces, que surgiera el valencianismo como un movimiento de reacción, de resistencia ante lo que era percibido como una agresión a las señas de identidad propias de los valencianos.
Así como el catalanismo fue (y sigue siendo) un movimiento de élites pseudointelectuales, creado y financiado a golpe de subvención, primero desde Cataluña y luego también desde las propias instituciones valencianas, el valencianismo fue siempre un movimiento popular, que canalizó la indignación de la ciudadanía de manera espontanea y sin apoyo político alguno, que la derecha política valenciana utilizó en su beneficio mientras estuvo en la oposición, pero que nunca controló, dirigió ni financió, y que, una vez tomó el poder, se esforzó por silenciar y aniquilar.
En la batalla de Valencia la indignación popular consiguió frenar el uso oficial de la cuatribarrada aragonesa-catalana de forma oficial, en beneficio de la señera con franja azul (de donde viene la denominación despectiva de “blaveros” a los valencianistas) sentida como propia por los valencianos desde tiempos ancestrales, si bien los partidos, sindicatos y asociaciones de izquierdas continuaron utilizando la enseña catalana en sus actos y en su imagen. La guerra por la denominación entre la tradicional “Reino de Valencia” y la catalanista “país valencia”, que prepara el terreno para los “paisos catalans”, quedó en tablas al adoptarse la expresión neutra “Comunidad Valenciana”. A nivel lingüístico, el valencianismo triunfó en teoría, al adoptarse la expresión “lengua valenciana” en el Estatuto de Autonomía, pero en catalanismo triunfó en la práctica, al asumirse la unidad de la lengua en la Ley de Uso y Enseñanza, aprobada por Lerma y mantenida vigente por el PP, y utilizarse un catalán normalizado, basado en el dialecto barceloní, como supuesto “valenciano”, en la educación, en la administración y, cuando la hubo, en la televisión autonómica.
Una buena prueba de lo arraigadas que tenemos los valencianos nuestras señas y de lo antinatural del catalanismo es que 30 años después, 30 años de predominio absoluto de las tesis de la “unitat de la llengua” en colegios, institutos, universidades (convertidas en auténticos templos del catalanismo y refugio de la extrema izquierda extraparlamentaria), instituciones públicas y privadas, y medios de comunicación, después de que ya varias generaciones de valencianos hayan estudiado, contra las evidencias históricas, que valenciano y catalán son la misma lengua, la mayoría de los valencianos sigue sosteniendo lo contrario. Por desgracia y pese a ello, una minoría adoctrinada cada vez más amplia, empieza a aceptar sin crítica las tesis del catalanismo o a no darles importancia, como si se tratara de un tema trivial.
Este éxito sociológico del movimiento valencianista que, contra toda la clase política y pseudointelectual, logró movilizar a los valencianos, hasta el punto de constituir al valencianismo anticatalanista como una suerte de “ideología oficiosa” de los valencianos, particularmente en la provincia de Valencia, frente a la “ideología oficial” de la clase política y mediática, activamente catalanista en el caso de la izquierda y pasivamente resignada a aceptar el catalanismo, especialmente lingüístico, en el caso del PP, no se vio, sin embargo, acompañado de un paralelo éxito político.
La falta de interés de las élites valencianas en fomentar un nacionalismo valenciano dejó en principio vacio el espacio político que podían haber ocupado partidos de ámbito regional, vacio que se fue llenando, de una parte, con el nacionalismo catalanista auspiciado desde Barcelona, representado en Unitat del Poble Valencia (UPV), transformado después en el Bloc y ahora en Compromis, marca blanca, al menos en sus orígenes, de CIU en Valencia, aunque con un sesgo izquierdista más notorio, y por otro, con el regionalismo valencianista de marcado carácter anticatalanista, que fructificó a nivel político en Unión Valenciana, partido impulsado por unos pocos empresarios valencianos, que creció al calor de la primigenia Alianza Popular, con la que concurrió a varias elecciones integrada en Coalición Popular, y de la que se distanció justo a tiempo de constituirse en el partido bisagra entre el PP y el PSOE.
La forma en cómo Unión Valenciana fue fagocitada por el PP, comprando las voluntades de sus dirigentes, como se compra cualquier producto en una tienda, quedará en los anales de la desvergüenza política. Tras el hundimiento de UV, activistas valencianistas que no estaban en venta fundaron Coalición Valenciana, pero el silencio mediático impuesto por el PP condenó este partido al ostracismo. No ha habido ningún otro intento relevante de llevar el éxito sociológico del valencianismo al plano político. Así las cosas, la crisis de representatividad entre los ciudadanos y los políticos, sus representantes teóricos, pero completamente ajenos a la ciudadanía a la que deberían servir, esta aun más acentuada en el Reino de Valencia que en el resto de España, porque aquí, además de la corrupción generalizada, hay una traición esencial a la base misma de los sentimientos de los valencianos, de su historia y de su cultura, aceptando la colonización impuesta desde el norte, algunos con entusiasmo (la izquierda) y otros con desgana (el PP), pero sin ofrecer en ningún caso oposición alguna.
Después de llegar al poder, en buena parte gracias al desgaste que el activismo valencianista había causado en los gobiernos de izquierdas, el PP ignoró primero y silenció después al movimiento cultural valencianista. Zaplana pactó con Pujol, a instancias de Aznar, a quien CIU había apoyado para convertirse en presidente del gobierno, la creación de una Academia Valenciana de la Lengua, donde estuvieran representados “expertos” de todas las tendencias, pero de clara mayoría catalanista (que se convirtió pronto en unanimidad) para oficializar el catalán en Valencia, que Lerma había impuesto por la vía de hecho. Si esta nueva AVL dictaminaba, como ocurrió, que el valenciano era el nombre “popular” que le dábamos en Valencia al catalán, la contradicción entre el Estatuto de Autonomía (que hablaba de lengua valenciana) y la Ley de Uso y Enseñanza (que imponía, de hecho, el catalán) quedaría subsanada y el catalanismo quedaría totalmente legalizado. De este modo se consumó la villanía.
La traición flagrante del PP a las señas de identidad valencianas y en particular a su “dolça llengua” no fue percibida por el común de la ciudadanía. El movimiento valencianista estaba ahogado entre los medios de izquierdas, que mostraban hacia él una enorme hostilidad, criminalizándolo con saña, desde la presunción de que cualquiera que negase la identidad de la lengua valenciana con la catalana, necesariamente debía ser de extrema derecha, hipótesis no por absurda, menos repetida, y los medios afines al PP, que ahora que los “suyos” gobernaban, no tenían la menor intención de “mover” el tema. El PP se encontraba entonces en un momento de gracia ante los aparentes éxitos económicos y las políticas de grandes eventos y obras faraónicas, ahora vilipendiadas, pero en su día, aplaudidas por la inmensa mayoría de los valencianos, que veían como su tierra, de nuevo “estaba en el mapa” tras décadas de ninguneo y que recobraba poco a poco la autoestima.
Estas circunstancias tan particulares explican que la minoría catalanista, de apenas el 5% de la población, haya impuesto sus políticas culturales y lingüísticas al 95% restante, algo realmente pintoresco y de lo que no se conocen antecedentes.
Esto mismo explica también el predominio del PP durante las décadas restantes. A medida que los dirigentes de Unión Valenciana se pasaban al PP uno por uno, sus votantes también lo hacían. Los aparentes éxitos económicos y las políticas de grandes eventos encandilaban a los valencianos. Cuando el coste de dichas políticas comenzó a hacerse inasumible y los casos de corrupción fueron sucediéndose, el PP tenía crédito político acumulado y lo más importante: no tenía alternativa posible a su izquierda.
Una vez fagocitada Unión Valenciana, de todos los partidos con representación parlamentaria en las Cortes Valencianas, el PP era el único que utilizaba en su imagen y sus actos la señera con franja azul, el único que en su denominación respetaba la estatutaria de “Comunidad Valenciana”, en lugar de aludir al “país valencia”, el único que se refería a la lengua co-oficial como “valenciano”, aunque en la práctica usara el catalán normalizado, en lugar de referirse a ella, directamente, como catalán. El PP era el único, en definitiva, que fingía respetar las señas de identidad valencianas, aunque a primeras de cambio las traicionase. Una izquierda encadenada a unos símbolos que resultaban ajenos, cuando no desagradables, a la inmensa mayoría de los valencianos, incluyendo la mayor parte de sus propios votantes, era una izquierda con una desventaja de inicio que le hacía concurrir a todas las elecciones con la batalla medio perdida, como un púgil que llega al ring con una mano atada a la espalda. Si no se tiene en cuenta esta realidad no se pueden entender las continuas mayorías absolutas de un PP en descomposición, corrupto hasta la médula, más semejante a una mafia de delincuentes que a un partido político.
Si finalmente el PP ha perdido la mayoría absoluta (si bien continúa siendo el partido más votado en la Comunidad) es porque sus fracasos ya no pueden ocultarse de ninguna forma. El hastío de los valencianos con la decadencia política de los populares ha sido, por fin más fuerte, que la cuestión identitaria para un número suficiente de ellos. Estamos hablando de un PP que se ha demorado meses en el pago a las farmacias, que ha cerrado Canal 9, la televisión autonómica, que ha visto como se cortaba la luz en edificios públicos por no pagarla, que ha tenido que ser rescatado por una deuda inasumible y todo ellos mientras aparecían día tras día casos de corrupción, cada uno más pintoresco e indignante que el anterior. Un Presidente de la Generalitat, obligado a dimitir por aceptar regalos, sentado en el banquillo de los acusados, un Presidente de la Diputación de Castellón, entrando por fin en la cárcel, después de haberle tocado la lotería 17 veces, un Conseller condenado por haber malversado el dinero de las ayudas al desarrollo, al que echaron por ladrón del PSOE 25 años antes y muchos ejemplos más, hasta formar una lista interminable…
Con los actuales gobiernos de coalición entre el PSPV y el Compromis catalanista en los principales ayuntamientos valencianos y en la Generalitat es probable que veamos una nueva batalla de Valencia. El valencianismo siempre ha vivido mejor contra la izquierda que contra el PP. Los ataques de los nuevos gobernantes a las señas de identidad valencianas no se harán esperar y, a diferencia de cuando gobernaba el PP, serán plenamente visibles y los medios de comunicación se harán eco de ellos.
La pregunta fundamental en estos momentos es: ¿Quién capitalizará el previsible desgaste que sufra la izquierda por ello? Tradicionalmente lo ha hecho el PP, pero este PP con casi más dirigentes en la cárcel que fuera, no estará probablemente en condiciones de ello. Podría hacerlo Ciudadanos, pero el partido de Rivera fue, precisamente, fundado en Cataluña. Un efecto francamente detestable del adoctrinamiento nacionalista en la educación en el principado es haber convencido a la inmensa mayoría de los catalanes, particularmente a los más jóvenes, también incluso a los menos nacionalistas, de sus tesis históricas, entre ellas la de la unidad de la lengua catalana en relación al valenciano y al mallorquín. Los dirigentes de Ciudadanos, como la mayor parte de los catalanes, están convencidos de que el valenciano no es más que un dialecto del catalán, aunque no compartan las consecuencias políticas que los nacionalistas derivan de ello. La líder de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, además, es una catalana que reside en Estados Unidos y veranea en Altea, a la que, por supuesto, no le cabe ninguna duda de que el valenciano y catalán son la misma lengua y que desprecia al movimiento valencianista. No sé si esos antecedentes facultan a Ciudadanos para beneficiarse del activismo por nuestras señas de identidad, por muy “antinacionalistas” que digan ser.
¿Quién queda entonces? ¿Se profundizará en la crisis de representatividad? ¿Veremos a un nuevo actor en el panorama electoral valenciano? ¿Se producirá el renacimiento del valencianismo político?
Publicado en "El Palleter".-http://www.elpalleter.com/actualitat/opinions/noticies/2008/bou170615.htm
La clave de este misterio valenciano hay que buscarla, a mi entender, en el tardofranquismo y la transición. En esta época se fragua lo que sería la futura izquierda valenciana durante la democracia, surgida, como en el resto de España, de la limitada lucha antifranquista, envalentonada a partir de finales de los 60 y, especialmente, a partir de la muerte de Franco en el 75. Lo que debemos entender es que esta lucha antifranquista valenciana, germen de toda su futura izquierda, fue dirigida y financiada desde Cataluña, por sectores nacionalistas del principado.
Desde la aparición de las primeras muestras de nacionalismo catalán en el siglo XIX, esta teoría, auspiciada por una burguesía enriquecida en el comercio textil con América y protagonista de algunos de los primeros intentos de industrialización de España, tropezó con la inexistencia de una base histórica para sustentarse. En efecto, Cataluña no había sido nunca un Reino, sino un conjunto de condados, el idioma catalán (que los primero nacionalistas pretendían una lengua anterior al latín) no había tenido ninguna muestra literaria destacable hasta ese siglo, Cataluña no había tenido instituciones autónomas, salvo las puramente medievales, desaparecidas desde la llegada de los Borbones. No había una base étnica ni religiosa ni cultural ni lingüística ni histórica sobre la que sustentar ese nacionalismo que la burguesía catalana intuía que tan rentable le podía resultar. Pero a grandes males grandes remedios. Si no existia base histórica… siempre podía inventarse.
El Reino de Valencia, su lengua y su cultura eran elementos clave en el proceso de falsificación de la historia del nacionalismo catalán, como instrumento de su burguesía para defender sus intereses económicos y comerciales. El valenciano como lengua tenía, precisamente, lo que le faltaba al catalán: muestras literarias significativas. De hecho, el primer siglo de oro de las lenguas romances corresponde al valenciano, con autores tan destacados como Joanot Martorell o Ausias March, antes incluso que al español o al italiano. Mientras, en los condados que ahora componen Cataluña, su legislación se dictaba en latín y sus primeros poetas escribían en provenzal. A falta de una historia propia, el nacionalismo catalán, simplemente, robó la valenciana.
No siempre la izquierda valenciana (o si se quiere, los sectores más liberales o progresistas) fueron cómplices de este catalanismo imperialista sobre el Reino de Valencia. El genial escritor y máximo representante político del republicanismo valenciano, Vicente Blasco Ibañez, publicó en la prensa de la época un artículo titulado “La peste catana”, como respuesta a los primeros intentos de “invasión cultural” de los vecinos del norte. ¿Qué ocurrió entonces en el tardofranquismo y la transición?
Así como la burguesía catalana basó su estrategia de predominio sobre Cataluña en fingir un conflicto de intereses (que solo podía ser cierto a nivel de élites, pero nunca del pueblo) con el resto de España, las clases dirigentes valencianas siempre fueron pactistas y cortesanas, y nunca plantearon dichos conflictos. Después de la guerra de sucesión, por ejemplo, la nobleza valenciana no vio interés alguno en solicitar del nuevo rey la devolución de los fueros, arrebatados como castigo por el apoyo al pretendiente austracista, porque estos no representaban para ellos ninguna ventaja especial respecto al derecho común de castilla. En otras regiones, como Cataluña, los fueros propios sí que marcaban diferencias económicas importantes, que permitían a los propietarios de tierras extraerles mayor beneficio en perjuicio de los jornaleros que las trabajaban, en relación a instituciones como la enfiteusis. La excusa era el valor de la tradición y, más adelante, fue interpretado como una especie de proto-nacionalismo (que vemos exhibido en la “diada”, convertida en orgía de separatismo año tras año), pero la causa real era meramente crematística. Lo cierto es que Casanova llamó a luchar a los barceloneses contra el pretendiente Borbón “por España” y que ante la presión de la nobleza catalana, los fueros fueron devueltos poco después, para que pudieran seguir explotando a gusto a los propios campesinos catalanes. Como vemos, la historia del nacionalismo catalán es la historia de la manipulación de su pueblo por sus élites para poder exprimirlo mejor, fuera en el siglo XIX con la enfiteusis o en el XXI con las cuentas en Suiza de la familia Pujol.
Los dirigentes valencianos, en cambio, prefirieron la estrategia de la castellanización y la colaboración con el poder central, al no encontrar nada que ganar en la reivindicación local. Este esquema se repetiría, en parte, durante el franquismo. Durante la Guerra Civil, los crímenes cometidos por el bando republicano en Cataluña, incluyendo las purgas internas, con una guerra sucia declarada entre estalinistas por un lado y anarquistas y trotskistas por otro, en Barcelona en el 37, provocaron que el nacionalismo moderado, representado por Cambó, apoyase el alzamiento nacional y que Cataluña fuera la región de España que más voluntarios aportara al bando nacional. Todo el victimismo nacionalista posterior, interpretando la Guerra Civil como una “invasión de España contra Cataluña” es, de nuevo, una burda falsificación. Sin embargo, al llegar a los últimos años del franquismo, parte importante de las élites catalanas, las 300 familias que llevaban predominando desde un siglo antes, consideraron, cara a la nueva situación que se abría, que para defender e incrementar su prosperidad, debida en gran parte a las políticas del franquismo, convenía levantar el fantasma del nacionalismo de nuevo. El antifranquismo catalán estuvo financiado e impulsado por esas élites (una plasmación muy gráfica de este fenómeno la encontramos en que el conde de Godó, editor del ortodoxamente franquista en vida de Franco y nacionalista después, La Vanguardia, editaba también el Papus, revistilla basura de propaganda antifranquista y de ultraizquierda, que se prodigó durante la transición). Pero el nacionalismo catalán chocaba, una vez más, con el obstáculo de siempre: su falta de consistencia histórica. Una vez más necesitaba robar a los valencianos, la lengua, cultura e individualidad histórica que ellos no tenían. Las “300 familias” no solo financiaron el antifranquismo catalán, imprimiéndole un nacionalismo antiespañol feroz, sino que también financiaron al antifranquismo valenciano, huérfano de atención en Castellón, Valencia y Alicante, donde las élites locales esperaban a verlas venir, sin pensar que forzar un sentimiento de hostilidad con el resto de España tuviera utilidad ninguna.
De este modo nació una generación de intelectualoides valencianos financiados desde Cataluña y, por lo tanto, como buenos estómagos agradecidos, furibundos catalanistas: Fuster, Enric Valor, Estellés, etc. Por desgracia la izquierda valenciana se basó en ellos y no en Blasco Ibáñez, por ejemplo, para tomar sustento intelectual. Las consecuencias de esto las seguimos soportando hoy en día y todo indica que las vamos a soportar mucho más durante los próximos 4 años.
Así las cosas, al iniciarse la transición y tomar el poder la izquierda en las instituciones valencianas, esa izquierda cuyos líderes habían sido educados en el catalanismo, actuaron consecuentemente a su concepción manipulada de la historia y comenzaron a utilizar unos símbolos pancatalanistas, completamente ajenos al sentir del pueblo valenciano, para estupor de la ciudadanía, incluidos la mayoría de sus propios votantes. Fue inevitable, entonces, que surgiera el valencianismo como un movimiento de reacción, de resistencia ante lo que era percibido como una agresión a las señas de identidad propias de los valencianos.
Así como el catalanismo fue (y sigue siendo) un movimiento de élites pseudointelectuales, creado y financiado a golpe de subvención, primero desde Cataluña y luego también desde las propias instituciones valencianas, el valencianismo fue siempre un movimiento popular, que canalizó la indignación de la ciudadanía de manera espontanea y sin apoyo político alguno, que la derecha política valenciana utilizó en su beneficio mientras estuvo en la oposición, pero que nunca controló, dirigió ni financió, y que, una vez tomó el poder, se esforzó por silenciar y aniquilar.
En la batalla de Valencia la indignación popular consiguió frenar el uso oficial de la cuatribarrada aragonesa-catalana de forma oficial, en beneficio de la señera con franja azul (de donde viene la denominación despectiva de “blaveros” a los valencianistas) sentida como propia por los valencianos desde tiempos ancestrales, si bien los partidos, sindicatos y asociaciones de izquierdas continuaron utilizando la enseña catalana en sus actos y en su imagen. La guerra por la denominación entre la tradicional “Reino de Valencia” y la catalanista “país valencia”, que prepara el terreno para los “paisos catalans”, quedó en tablas al adoptarse la expresión neutra “Comunidad Valenciana”. A nivel lingüístico, el valencianismo triunfó en teoría, al adoptarse la expresión “lengua valenciana” en el Estatuto de Autonomía, pero en catalanismo triunfó en la práctica, al asumirse la unidad de la lengua en la Ley de Uso y Enseñanza, aprobada por Lerma y mantenida vigente por el PP, y utilizarse un catalán normalizado, basado en el dialecto barceloní, como supuesto “valenciano”, en la educación, en la administración y, cuando la hubo, en la televisión autonómica.
Una buena prueba de lo arraigadas que tenemos los valencianos nuestras señas y de lo antinatural del catalanismo es que 30 años después, 30 años de predominio absoluto de las tesis de la “unitat de la llengua” en colegios, institutos, universidades (convertidas en auténticos templos del catalanismo y refugio de la extrema izquierda extraparlamentaria), instituciones públicas y privadas, y medios de comunicación, después de que ya varias generaciones de valencianos hayan estudiado, contra las evidencias históricas, que valenciano y catalán son la misma lengua, la mayoría de los valencianos sigue sosteniendo lo contrario. Por desgracia y pese a ello, una minoría adoctrinada cada vez más amplia, empieza a aceptar sin crítica las tesis del catalanismo o a no darles importancia, como si se tratara de un tema trivial.
Este éxito sociológico del movimiento valencianista que, contra toda la clase política y pseudointelectual, logró movilizar a los valencianos, hasta el punto de constituir al valencianismo anticatalanista como una suerte de “ideología oficiosa” de los valencianos, particularmente en la provincia de Valencia, frente a la “ideología oficial” de la clase política y mediática, activamente catalanista en el caso de la izquierda y pasivamente resignada a aceptar el catalanismo, especialmente lingüístico, en el caso del PP, no se vio, sin embargo, acompañado de un paralelo éxito político.
La falta de interés de las élites valencianas en fomentar un nacionalismo valenciano dejó en principio vacio el espacio político que podían haber ocupado partidos de ámbito regional, vacio que se fue llenando, de una parte, con el nacionalismo catalanista auspiciado desde Barcelona, representado en Unitat del Poble Valencia (UPV), transformado después en el Bloc y ahora en Compromis, marca blanca, al menos en sus orígenes, de CIU en Valencia, aunque con un sesgo izquierdista más notorio, y por otro, con el regionalismo valencianista de marcado carácter anticatalanista, que fructificó a nivel político en Unión Valenciana, partido impulsado por unos pocos empresarios valencianos, que creció al calor de la primigenia Alianza Popular, con la que concurrió a varias elecciones integrada en Coalición Popular, y de la que se distanció justo a tiempo de constituirse en el partido bisagra entre el PP y el PSOE.
La forma en cómo Unión Valenciana fue fagocitada por el PP, comprando las voluntades de sus dirigentes, como se compra cualquier producto en una tienda, quedará en los anales de la desvergüenza política. Tras el hundimiento de UV, activistas valencianistas que no estaban en venta fundaron Coalición Valenciana, pero el silencio mediático impuesto por el PP condenó este partido al ostracismo. No ha habido ningún otro intento relevante de llevar el éxito sociológico del valencianismo al plano político. Así las cosas, la crisis de representatividad entre los ciudadanos y los políticos, sus representantes teóricos, pero completamente ajenos a la ciudadanía a la que deberían servir, esta aun más acentuada en el Reino de Valencia que en el resto de España, porque aquí, además de la corrupción generalizada, hay una traición esencial a la base misma de los sentimientos de los valencianos, de su historia y de su cultura, aceptando la colonización impuesta desde el norte, algunos con entusiasmo (la izquierda) y otros con desgana (el PP), pero sin ofrecer en ningún caso oposición alguna.
Después de llegar al poder, en buena parte gracias al desgaste que el activismo valencianista había causado en los gobiernos de izquierdas, el PP ignoró primero y silenció después al movimiento cultural valencianista. Zaplana pactó con Pujol, a instancias de Aznar, a quien CIU había apoyado para convertirse en presidente del gobierno, la creación de una Academia Valenciana de la Lengua, donde estuvieran representados “expertos” de todas las tendencias, pero de clara mayoría catalanista (que se convirtió pronto en unanimidad) para oficializar el catalán en Valencia, que Lerma había impuesto por la vía de hecho. Si esta nueva AVL dictaminaba, como ocurrió, que el valenciano era el nombre “popular” que le dábamos en Valencia al catalán, la contradicción entre el Estatuto de Autonomía (que hablaba de lengua valenciana) y la Ley de Uso y Enseñanza (que imponía, de hecho, el catalán) quedaría subsanada y el catalanismo quedaría totalmente legalizado. De este modo se consumó la villanía.
La traición flagrante del PP a las señas de identidad valencianas y en particular a su “dolça llengua” no fue percibida por el común de la ciudadanía. El movimiento valencianista estaba ahogado entre los medios de izquierdas, que mostraban hacia él una enorme hostilidad, criminalizándolo con saña, desde la presunción de que cualquiera que negase la identidad de la lengua valenciana con la catalana, necesariamente debía ser de extrema derecha, hipótesis no por absurda, menos repetida, y los medios afines al PP, que ahora que los “suyos” gobernaban, no tenían la menor intención de “mover” el tema. El PP se encontraba entonces en un momento de gracia ante los aparentes éxitos económicos y las políticas de grandes eventos y obras faraónicas, ahora vilipendiadas, pero en su día, aplaudidas por la inmensa mayoría de los valencianos, que veían como su tierra, de nuevo “estaba en el mapa” tras décadas de ninguneo y que recobraba poco a poco la autoestima.
Estas circunstancias tan particulares explican que la minoría catalanista, de apenas el 5% de la población, haya impuesto sus políticas culturales y lingüísticas al 95% restante, algo realmente pintoresco y de lo que no se conocen antecedentes.
Esto mismo explica también el predominio del PP durante las décadas restantes. A medida que los dirigentes de Unión Valenciana se pasaban al PP uno por uno, sus votantes también lo hacían. Los aparentes éxitos económicos y las políticas de grandes eventos encandilaban a los valencianos. Cuando el coste de dichas políticas comenzó a hacerse inasumible y los casos de corrupción fueron sucediéndose, el PP tenía crédito político acumulado y lo más importante: no tenía alternativa posible a su izquierda.
Una vez fagocitada Unión Valenciana, de todos los partidos con representación parlamentaria en las Cortes Valencianas, el PP era el único que utilizaba en su imagen y sus actos la señera con franja azul, el único que en su denominación respetaba la estatutaria de “Comunidad Valenciana”, en lugar de aludir al “país valencia”, el único que se refería a la lengua co-oficial como “valenciano”, aunque en la práctica usara el catalán normalizado, en lugar de referirse a ella, directamente, como catalán. El PP era el único, en definitiva, que fingía respetar las señas de identidad valencianas, aunque a primeras de cambio las traicionase. Una izquierda encadenada a unos símbolos que resultaban ajenos, cuando no desagradables, a la inmensa mayoría de los valencianos, incluyendo la mayor parte de sus propios votantes, era una izquierda con una desventaja de inicio que le hacía concurrir a todas las elecciones con la batalla medio perdida, como un púgil que llega al ring con una mano atada a la espalda. Si no se tiene en cuenta esta realidad no se pueden entender las continuas mayorías absolutas de un PP en descomposición, corrupto hasta la médula, más semejante a una mafia de delincuentes que a un partido político.
Si finalmente el PP ha perdido la mayoría absoluta (si bien continúa siendo el partido más votado en la Comunidad) es porque sus fracasos ya no pueden ocultarse de ninguna forma. El hastío de los valencianos con la decadencia política de los populares ha sido, por fin más fuerte, que la cuestión identitaria para un número suficiente de ellos. Estamos hablando de un PP que se ha demorado meses en el pago a las farmacias, que ha cerrado Canal 9, la televisión autonómica, que ha visto como se cortaba la luz en edificios públicos por no pagarla, que ha tenido que ser rescatado por una deuda inasumible y todo ellos mientras aparecían día tras día casos de corrupción, cada uno más pintoresco e indignante que el anterior. Un Presidente de la Generalitat, obligado a dimitir por aceptar regalos, sentado en el banquillo de los acusados, un Presidente de la Diputación de Castellón, entrando por fin en la cárcel, después de haberle tocado la lotería 17 veces, un Conseller condenado por haber malversado el dinero de las ayudas al desarrollo, al que echaron por ladrón del PSOE 25 años antes y muchos ejemplos más, hasta formar una lista interminable…
Con los actuales gobiernos de coalición entre el PSPV y el Compromis catalanista en los principales ayuntamientos valencianos y en la Generalitat es probable que veamos una nueva batalla de Valencia. El valencianismo siempre ha vivido mejor contra la izquierda que contra el PP. Los ataques de los nuevos gobernantes a las señas de identidad valencianas no se harán esperar y, a diferencia de cuando gobernaba el PP, serán plenamente visibles y los medios de comunicación se harán eco de ellos.
La pregunta fundamental en estos momentos es: ¿Quién capitalizará el previsible desgaste que sufra la izquierda por ello? Tradicionalmente lo ha hecho el PP, pero este PP con casi más dirigentes en la cárcel que fuera, no estará probablemente en condiciones de ello. Podría hacerlo Ciudadanos, pero el partido de Rivera fue, precisamente, fundado en Cataluña. Un efecto francamente detestable del adoctrinamiento nacionalista en la educación en el principado es haber convencido a la inmensa mayoría de los catalanes, particularmente a los más jóvenes, también incluso a los menos nacionalistas, de sus tesis históricas, entre ellas la de la unidad de la lengua catalana en relación al valenciano y al mallorquín. Los dirigentes de Ciudadanos, como la mayor parte de los catalanes, están convencidos de que el valenciano no es más que un dialecto del catalán, aunque no compartan las consecuencias políticas que los nacionalistas derivan de ello. La líder de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana, además, es una catalana que reside en Estados Unidos y veranea en Altea, a la que, por supuesto, no le cabe ninguna duda de que el valenciano y catalán son la misma lengua y que desprecia al movimiento valencianista. No sé si esos antecedentes facultan a Ciudadanos para beneficiarse del activismo por nuestras señas de identidad, por muy “antinacionalistas” que digan ser.
¿Quién queda entonces? ¿Se profundizará en la crisis de representatividad? ¿Veremos a un nuevo actor en el panorama electoral valenciano? ¿Se producirá el renacimiento del valencianismo político?
Publicado en "El Palleter".-http://www.elpalleter.com/actualitat/opinions/noticies/2008/bou170615.htm
jueves, 28 de mayo de 2015
COMPROMIS CELEBRA SU RESULTADO ELECTORAL CON BANDERAS INDEPENDENTISTAS CATALANAS
Concejales de la formación exhiben enseñas esteladas mientras su líder en Valencia defiende la libertad de elección entre la bandera oficial y la secesionista
Los integrantes de la candidatura de Compromís en la localidad castellonense de Benicarló celebraron los resultados cosechados en las elecciones del pasado domingo (cuatro concejales que le permitirán gobernar junto a los siete ediles socialistas) exhibiendo banderas independentistas catalanas en la puerta del Ayuntamiento.
La coalición, que formará gobierno en la Generalitat gracias a un pacto con el PSPV y Podemos y aspira a presidir el Ejecutivo con Mònica Oltra a la cabeza, ha escenificado en los últimos años su respaldo a las tesis secesionistas. Su representante en el Parlamento europeo, Jordi Sebastià, ya llevaba en su programa electoral la defensa de los procesos de «autodeterminación».
Compromís se presentó en Benicarló y en otras localidades como Gandía en una lista conjunta con la filial valenciana de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC).
La formación ha participado en manifestaciones convocadas por organizaciones de carácter catalanista como Acció Cultural del País Valencia. Su candidato a alcalde de la capital del Turia, Joan Ribó, ha sido fotografiado con banderas cuatribarradas e independentistas. En sus primeras declaraciones tras las elecciones del domingo, en las que Compromís logró nueve concejales que le valdrán para gobernar la ciudad gracias al apoyo de PSPV y la marca blanca de Podemos, Ribó ha dado «libertad» de elección a los valencianos, que a su juicio pueden optar entre la bandera oficial con franja azul que establece el Estatuto de Autonomía o la «estelada» que defiende la independencia de Cataluña.
La foto de los concejales de Benicarló con las banderas secesionistas recoge el ADN de el Bloc, uno de los partidos de la coalición que lidera Oltra. En sus estatutos, la formación abre la puerta a un escenario de «asociación» con Cataluña y aboga por «la defensa de la República como forma de gobierno mas ajustada a los principios democráticos, así como la defensa de los valores republicanos». De hecho, el Bloc defiende «alcanzar la plena soberanía nacional del pueblo valenciano y su plasmación legal mediante una Constitución valenciana que contemple la posibilidad de una asociación política con los países con los que compartimos una misma lengua, cultura e historia».
A pesar de estos antecedentes, Mònica Oltra, que aspira a ser la primera mujer en presidir la Generalitat, sostiene que no defiende los postulados independentista
FUENTE. ABC
sábado, 16 de mayo de 2015
Compromis quiere adueñarse del 9 de Octubre y expulsar al valencianismo.
El catalanista Bloc-Compromís plantea en su programa electoral que las fuerzas policiales echen de la procesión cívica del 9 d'Octubre a aquellas entidades, organizaciones, asociaciones, partidos políticos o sindicatos que no hayan firmado con anterioridad una declaración de responsabilidad para poder participar en el acto central del Día de los valencianos. La idea del catalanismo es impedir que organizaciones y personas de estricta obediencia valencianista puedan participar libremente en el 9 d´Octubre, es más, no sólo participar, sino recriminar a los políticos sus actitudes contra la identidad de los valencianos. Parece que la catalanista Mónica Oltra y sus amiguitos, sólo se acuerdan de los principios democráticas cuando les conviene. En ese sentido, el catalanismo se ha colgado de la pancarta para tildar de leyes mordaza las propuestas del PP nacional en ese mismo sentido, donde quieren multar a los manifestantes. Ahora, cuando se pretende expulsar a los valencianos y valencianistas de la procesión cívica del 9 d´Octubre, parece que les gusta la idea de dar pases de acceso “vip catalanista” e impedir la libertad de expresión en un acto 100% popular y valencianista. Desde El Palleter les decimos que tienen que recordar el caracter histórica, tradicional y popular del 9 d´Octubre, y que no se trata de una celebración de los políticos, sino de los valencianos. Al catalanista que no le guste que le coloreen la cara, mejor que se quede en casa. El 9 d´Octubre es nuestro y lo seguirá siendo.
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| Las Provincias |
jueves, 7 de mayo de 2015
ARTUR MAS INYECTA OTROS 2 MILLONES DE EUROS PARA FOMENTAR EL CATALAN EN VALENCIA
Acció Cultural del País Valencià y Escola Valenciana, críticas con el PP, han recibido las subvenciones más altas
Sin embargo, el escenario político que pueden dejar las elecciones autonómicas del próximo 24 de mayo en las Cortes Valencianas abre la puerta a un clima de connivencia con los postulados catalanistas. De hecho, el PP se quedó solo en la defensa de la Ley de Señas de Identidad que persigue como objetivo básico evitar que el próximo Consell que salga de las urnas otorgue subvenciones a las entidades que durante los últimos cuatro años se han nutrido de las ayudas de la Generalitat de Cataluña.
En este sentido, la red de empresas en las que figura como consejero delegado el hermano del secretario general del PSPV y candidato socialista a la Generalitat, Ximo Puig, también han sido agraciadas con la generosidad del Gobierno catalán. Comunicacions del Ports S.A. y Mas Mut Producciones SLU han percibido en los dos últimos años una ayuda cercana a los 125.000 euros, destinada a las emisoras Nord Televisió y Els Ports Ràdio, así como a la página web «comarquesnord.cat».
La Generalitat de Cataluña ha destinado más de cuatro millones de euros para fomentar el catalanismo en la Comunidad Valenciana desde 2012, el año en el que Artur Mas dejó a un lado sus ambigüedades y anunció su propósito de impulsar una consulta independentista.
A pesar de que las tesis secesionistas apenas gozan de respaldo en la Comunidad Valenciana, el Ejecutivo de Artur Mas no ha escatimado recursos económicos para extender sus postulados.
Las injerencias territoriales y el pulso soberanista han dinamitado la relación entre el Gobierno catalán y el valenciano. Si en 2011 Artur Mas y Alberto Fabra hacían frente común por la reivindicación del Corredor Mediterráneo, en la actualidad la interlocución es nula.
Sin embargo, el escenario político que pueden dejar las elecciones autonómicas del próximo 24 de mayo en las Cortes Valencianas abre la puerta a un clima de connivencia con los postulados catalanistas. De hecho, el PP se quedó solo en la defensa de la Ley de Señas de Identidad que persigue como objetivo básico evitar que el próximo Consell que salga de las urnas otorgue subvenciones a las entidades que durante los últimos cuatro años se han nutrido de las ayudas de la Generalitat de Cataluña.
El sábado 25 de abril las calles de Valencia albergaron una manifestación auspiciada por Acció Cultural del País Valencià (ACPV) en la que se reclamó un «cambio político» en la Generalitat. Esta entidad ha sido, de largo, la más beneficiada por la política de subvenciones del Ejecutivo catalán. Conforme ha relatado en exclusiva ABC, Artur Mas ha ordenado el pago de la cuota de la hipoteca de la sede de ACPV en las anualidades correspondientes a 2012, 2013 y 2014. En total, más de 2,1 millones de euros para costear la adquisición del edificio «El Siglo». Un inmueble que ha albergado durante estos años actos de apoyo a las formaciones de izquierdas.
Todos los partidos de la oposición salvo Ciudadanos han expresado su rechazo a la ley que impide promocionar el catalanismo con fondos públicos. Podemos ha anunciado que la derogará. PSPV, Compromís y Esquerra Unida ya rechazaron la ley en el Parlamento.
Al margen de pagar la hipoteca, el Gobierno catalán ha mimado especialmente a ACPV, cuyo líder histórico, Eliseu Climent, abogó por un «efectó dominó» del proceso independentista en la Comunidad Valenciana.
Al margen de las ayudas directas, otras entidades situadas en la órbita de ACPV, como la Fundación Ausias March, la ACV Tirant lo Blanc y Edicions del País Valencià S.A. –la firma editora de publicaciones como «El Temps»– reciben también subvenciones. Precisamente, otra de las líneas estratégicas de las subvenciones otorgadas por Artur Mas durante su etapa al frente de la Generalitat pasa por el respaldo a medios de comunicación que emplean el catalán en la Comunidad Valenciana.
El hermano de Ximo Puig
En este sentido, la red de empresas en las que figura como consejero delegado el hermano del secretario general del PSPV y candidato socialista a la Generalitat, Ximo Puig, también han sido agraciadas con la generosidad del Gobierno catalán. Comunicacions del Ports S.A. y Mas Mut Producciones SLU han percibido en los dos últimos años una ayuda cercana a los 125.000 euros, destinada a las emisoras Nord Televisió y Els Ports Ràdio, así como a la página web «comarquesnord.cat».
Otro fijo en el listado de las subvenciones es Escola Valenciana, con ayudas públicas de la Generalitat de Cataluña por importe de 321.000 euros entre los ejercicios 2012 y 2014. La entidad se ha mostrado especialmenta crítica con el Consell, hasta el punto de que existe una denuncia en la Fiscalía de Menores –adelantada el pasado lunes por ABC– por el uso de niños en uno de los actos de las «Trobades» en la que se realizaron pintadas y mofas sobre fotografías de dirigentes del PP y de UPyD.
FUENTE. ABC
miércoles, 6 de mayo de 2015
Denuncian el uso de material docente de la Generalidad Catalana en un instituto de Valencia
Un grupo de padres ha presentado una queja ante el director del Instituto de Educación Secundaria (IES) Benimàmet, de Valencia, por el uso de material docente editado por la Generalidad de Cataluña en sus clases. Según la queja, «los contenidos educativos que se están impartiendo en las aulas de este instituto de educación media son directamente los publicados por la Generalidad catalana, como se puede observar en las fichas entregadas al alumnado». En este sentido, en las imágenes que acompañan a la queja –tomadas por el padre de una alumna del centro– se puede observar cómo las citadas fichas presentan el escudo de la Generalidad de Cataluña, acompañado por el logo del Departamento de Educación del Gobierno de la región vecina. «Los profesores ni siquiera han tenido la precaución de ocultar la procedencia de los textos utilizados», critica la citada asociación. En las fichas de vocabulario facilitadas a los alumnos del IES Benimàmet, según se observa en las imágenes tomadas por el padre de la alumna, figuran varias palabras del léxico propio del catalán, que cuentan con una equivalencia diferenciada en el valenciano normativo. Es el caso de «noi» y «noia», así como otras muchas.
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