El PSOE pone alfombra socialista al nacionalismo periférico La narración nacionalista se basa en una manipulación de la historia y su victimismo es una coartada para justificar su existencia.
Mientras la Constitución de 1978 diga lo que dice, ninguna comunidad podrá separarse del resto de España.
Esta evidencia, sin embargo, no basta para frenar la extensión del engaño secesionista, que ha encontrado en la izquierda radical y en algunos sectores del PSOE aliados de conveniencia.
Entre esos embustes está el de los «países catalanes», que hasta ahora se ha mantenido en la retórica del nacionalismo catalán, pero que empieza a encontrar comprensión en los nuevos inquilinos de los gobiernos vecinos.
Para muestra, el acto del próximo 2 de marzo en la capital del Turia con el título «La hora de las decisiones: balances de agravios y reivindicaciones conjuntas», una apología del pancatalanismo, financiado no sólo por la Generalitat de Cataluña, sino también por los Ejecutivos valenciano y balear, que asumen el guión nacionalista y rearman políticamente al secesionismo en el momento de mayor enfrentamiento con el Estado.
De nuevo, el PSOE flojea en la defensa de la unidad de España y regala al independentismo catalán un simulacro de la «gran Cataluña».
Agravios, deudas históricas y reivindicaciones son los epígrafes de la memoria de falsedades que el socialismo acepta firmar con los nacionalistas.
Pero hay una responsabilidad por omisión, porque aunque el separatismo se tope con la Constitución, gracias a ella ejerce amplias cuotas de poder.
El Gobierno central puede ganar en las salas de los tribunales las batallas legales contra los secesionistas, pero se pierde mucho más en las aulas de los colegios y en los medios de comunicación públicos que los nacionalistas controlan sin contemplaciones.
El por qué como Valenciano, no votaré ni a PSOE ni a PP ni a CIUDADANOS ni a PODEMOS.
Que la definición de la RAE sobre el Valenciano cambió en el año 1970 por presiones catalanistas, es bien sabido ya por nuestros lectores. El mismo Camilo José Cela admitió este hecho.
Ellos mismos (LA RAE), confiesan que este cambio, no tiene el más mínimo rigor científico ni académico:
---------------- Un colectivo sociocultural de Burriana (Castellón de La Plana) -el Colectiu Valldaura- se puso en contacto con la RAE, para saber en qué momento exacto ésta hizo un estudio para derogar la definición de valenciano, invalidando así el único acuerdo científico tomado al respecto, el de 1959...
Hizo tres preguntas: 1) Si la lengua hablada en el antiguo Reino de Valencia es dialecto del catalán ¿podría indicarnos quién dictaminó tal acuerdo y cuándo se tomó? 2) Siendo este “asunto (el de la lengua valenciana) científicamente aclarado desde hace muchos años” ¿querría informarnos dónde encontrar algún documento científico que confirme tal aclaración? 3) ¿Podría decirnos, también, quién o quienes trazaron los límites del área idiomática y cultural catalana o del catalán?
Ningún académico fue capaz de contestar coherentemente... "
Finalmente, Rafael Alvarado, secretario de la RAE, confesó que la nueva definición de valenciano respondía a la “opinión” de los académicos -no a un estudio científico- y al final concluyó: “No es competencia de esta Real Academia Española dictaminar sobre cuestiones ajenas a la lengua española o castellana”. Fuente: http://josueferrer.com/2014/10/16/rae/ -------------------
Por tanto, sabiéndose todo esto, ¿por qué la RAE no vuelve a cambiar su definición de 1959?. ¿Acaso alguien cree si este escándalo, este ataque a la SENSIBILIDAD VALENCIANA, fuera a la inversa, un ataque contra la SENSIBILIDAD CATALANA, nadie actuaría? ¡¡Lo tendríamos todos los días hasta en la SOPA!!
Pues NADA CAMBIA porque los Valencianos somos un cero a la izquierda. El PP nos vendió en su día al NAZIonalismo de PUJOL cuando ZAPLANA le concedió la catalanizada AVL entre otras cosas, el PSOE nos vende ahora a los NAZIonalistas de cUmprUmÍs que ya están IMPONIENDO el CATALÁN, CIUDADANOS como son en realidad catalanistas disfrazados, miran para otro lado, y de PODEMOS mejor no hablar, se lo quieren dar todo a los catalanes, que tengan derecho a decidir y hacer referendums, pero los demás no tenemos derecho a decidir NADA. Nosotros también queremos un REFERENDUM. Nadie habla de los valencianos y de las humillaciones que sufrimos por parte de los estamentos catalanes. Nadie habla de nosotros, no existimos, no tenemos sentimientos.
Nuestros hijos se ven OBLIGADOS a estudiar en una NORMATIVA que no es la suya, los profesores CATALANIZAN a los niños diciéndoles que está mal usar palabras y expresiones VALENCIANAS, les obligan a leer libros de historia donde se afirma que existió una corona calanoaragonesa.
Todo es UNA ABERRACIÓN, que NADIE DENUNCIA, QUE a nadie le importa, a ningún político le he oído decir que esto es ULTRAJAR, MANIPULAR, HUMILLAR y VILIPENDIAR a los VALENCIANOS, y que esto se debe acabar. Nadie lo ha dicho porque no les importa nuestro voto, porque los valencianos somos MESINFOT. Porque no nos queremos, porque no nos valoramos, porque NINGÚN MEDIO DE COMUNICACIÓN se hace eco nunca de estas cosas. NO LE DAN BOMBO Y PLATILLO, NO INTERESA.
Yo digo que YA ESTÁ BIEN. Que algún político se comprometa a PARAR ESTA INJUSTICA, ESTE SINSENTIDO. Tendrá mi voto y el de muchos otros Valencianos que estamos HARTOS de esta MENTIRA.
Para mi, PP, PODEMOS, PSOE y CIUDADANOS, mientras no demuestren lo contrario, son el mismo perro con distinto collar, así que si son insensibles al problema y a las INJUSTICIAS a las que estamos sometidos los valencianos (y los baleares no lo olvidemos), tampoco van a solucionar realmente las INJUSTICIAS de este país.
El pasado jueves se celebraron elecciones en la Universidad de Valencia. En cada una de las facultades, (Literaria y Ciencias) donde se eligieron diferentes representantes para regir los destinos de la Universidad de Valencia durante el próximo año. Muchos de estos cargos electos lo son directamente por los estudiantes en virtud de lo dispuesto por los estatutos de la universidad (¡Los mismos estatutos que en la época del tristemente famoso rector Lapiedra eliminaron la Virgen de la Sapiencia que presidía la universidad valenciana desde el siglo XV!) Hasta aquí todo normal y muy democrático. El problema surge cuando uno mira los distintos sindicatos estudiantiles que se presentan y sus filiaciones políticas, comprobando que en algunos casos están claramente fuera del marco constitucional.
Que entre las diferentes opciones se encontrasen el BEA Bloc d’Estudiants Agermanats dels paisos catalans (BlocCompromis) y el Sindicat d’Estudiants del paisos catalans (la CUP), da que pensar hacía donde se dirige nuestra universidad. Pero es mucho peor que el rector de turno no impida que unas siglas que recogen una entelequia que atenta tanto contra nuestro Estatut d’Autonomía como contra la Constitución Española, se paseen impunemente por las aulas valencianas. No soy ningún ingenuo y se sobradamente cual es la realidad de una universidad altamente ideologizada y super catalanizada. Pero esto no puede ser un pretexto para que sus responsables se pasen la legislación vigente por el arco del triunfo.
A esto hay que añadir las coacciones y agresiones físicas sufridas por los escasos sindicatos no catalanistas que han tenido el valor de concurrir a estas elecciones. Llegándose a presionar para que no se presentasen a los representantes de Accio Universitaria (GAV) y a golpear a un miembro de Unión Universitaria (PP) la víspera de las votaciones. Hechos que según todos los indicios fueron perpetrados por los sectores ultra catalanistas agrupados en los dos sindicatos antes citados, más el no menos catalanista de Acontracorrent (EU). Una semana después ningún responsable de la universidad se ha dignado a condenar estos hechos. Eso si, cuando el pasado 8 de Octubre un grupo de valencianistas descolgó la bandera independentista del Campus de Blasco Ibañez, al rector le falto tiempo para denunciar y condenar dicha acción.
Un año más ha sido el BEA el gran vencedor de estos comicios, algo que tan solo viene a ratificar algo que ya sabíamos: El preocupante grado de super catalanización de la universidad de valencia. Al fin y al cabo los estudiantes votan aquello que les han enseñado, tanto en las elecciones universitarias como en autonómicas, municipales o generales. Y es un hecho contrastado que desde hace muchos años en las aulas valencianas se esta adoctrinando a nuestros jóvenes en clave catalanista. Primero fueron a finales de los años 60 y principios de los 70 los Ernest LLuch, Alfons Cucó, Emerit Bono y compañía, los que hicieron de punta de lanza de una estrategia muy bien orquestada. El catalanismo, como el nazismo o el comunismo, sabían que ganando la batalla de la educación, al final nadie podría impedir que terminásemos formando parte de su locura independentista.
Lo realmente lamentable de todo esto es constatar como el PP que durante 20 años gobernó con mayorías ininterrumpidas no tuvo lo que había que tener para coger el toro de la educación por los cuernos. Consintiendo y amparando que la Conselleria de Educación siguiese en manos de los mismos directores generales que pusieron en marcha la Llei d’Us i Ensenyament del socialista Cipriano Ciscar en 1982. Su miedo a enfrentarse con el poderoso sindicato del sector y a las movilizaciones estudiantiles dejo las decisiones más importantes para el futuro de nuestro pueblo en manos de consumados manipuladores, algunos de los cuales aún siguen 30 años después al frente del sector educativo, como el sangrante caso de Jesús Huguet que ha estado dirigiendo la política lingüística desde los tiempos de Joan Lerma hasta nuestros días.
Entre las muchas cuestiones que se les pueden echar en cara a un PP que ha gobernado acomplejado todos estos años en la Comunidad Valenciana, la de la educación ha de ser la primera. Incapaces de imponer un solo plan de estudios que recogiese la historia, cultura y tradiciones valencianas. Han consentido que varias generaciones estudiasen a Fuster, Estelles, Guarner o Valor, mientras ignoraban quien fue Guinot, Anfos Ramon, Llombart o Fullana. Se aprendiesen de memoria la revuelta dels segadors silenciando sistemáticamente el papel de Luis de Santangel en el descibrimiento de America o de San Vicente Ferrer en el Compromiso de Caspe. Repitiesen como loros las caducas teorias repoblacionistas en que se sustenta su unidad de la lengua sin conocer los trabajos de Ubieto, Cabanes y Peñaroja que las desmontan desde la base.
Una vez más se demuestra que se recoge lo que se siembra y en el caso de la educación más si cabe. Nos esperan aún unos cuantos años de catalanización salvaje, así lo han querido los votantes. Pero cabe esperar que los partidos que no se consideran a si mismos catalanistas hayan aprendido la lección y el día que recuperen el poder en nuestro reino tengan entre sus prioridades la de descatalanizar colegios, institutos y universidades. Les espera una labor ingente, pero es la única posibilidad de que el Reino de Valencia pueda recuperar la esperanza en un futuro en el que no forme parte de sus payasos catalanes.
Próspero de Bofarull i Mascaró, director del Archivo de la Corona de Aragón, decidió, hacia 1847, reescribir el Llibre del Repartiment del Regne de València de la Edad Media con el objetivo de engrandecer y magnificar el papel que tuvieron los catalanes en la conquista del reino de Valencia de 1238
Las primeras piedras del nacionalismo se edificaron sobre una invención. La de Próspero de Bofarull i Mascaró, barcelonés y director del Archivo de la Corona de Aragón, que decidió, hacia 1847, reescribir el Llibre del Repartiment del Regne de València de la Edad Media con el objetivo de engrandecer y magnificar el papel que tuvieron los catalanes en la conquista del reino de Valencia de 1238. Próspero suprimió en su edición fácsímil del histórico volumen apellidos aragoneses, navarros y castellanos para darle más importancia numérica a los catalanes.
La manipulación, obra para más inri del hombre encargado de garantizar la integridad del archivo, era sólo el comienzo de una cadena de falsificaciones que pronto alimentaría la semilla del nacionalismo y construiría un relato distorsionado de la Historia de Cataluña, ficción que han llegado hasta nuestros días. A las adulteraciones de Próspero de Bofarull se uniría la conveniente desaparición del testamento de Jaime I -legajo 758, según la antigua numeración- que establecía los límites de los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y del Condado de Barcelona. Y qué decir del Llibre dels Feyts [Hechos] d'Armes de Catalunya, falsamente considerado una joya de la literatura catalana medieval. Su autor, Joan Gaspar Roig i Jalpí (1624-1691), ejecutó un engaño extraordinario al asegurar que la obra, en realidad escrita por él en el siglo XVII, era una copia de un incunable de 1420 firmado por Bernard Boadas. El apócrifo ha sido usado como fuente para narrar la historia de la patria catalana durante siglos, hasta que en 1948 el medievalista y lingüista Miquel Coll y Alentorn descubrió el timo.
La manipulación del independentismo
Estas y otras manipulaciones ponen en evidencia cómo el independentismo catalán ha torcido la Historia a su antojo y que desde Cataluña pasen de largo sobre los retoques que el admirado archivero Próspero de Bofarull -un enorme retrato suyo decora la sede del Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona- hizo del Llibre del Repartiment. Fue el filólogo e historiador Antonio Ubieto quien denunció en los años 80 que Próspero de Bofarull había modificado el Llibre en el que se registraban las donaciones de casas o terrenos hechas por Jaime I a los que participaron en la conquista de Valencia descartando asientos que se referían a repobladores aragoneses, navarros y castellanos.
"Tras descubrir la manipulación de Bofarull, el historiador Ubieto y sus hijos fueron amenazados"
El descubrimiento, que ha pasado prácticamente desapercibido pese a su trascendencia, le supuso a Antonio Ubieto el enfrentamiento con compañeros catalanistas y ser objeto de amenazas.
No en vano venía a derribar parte del mito catalán y a cuestionar la labor de quien es recordado como el erudito que reorganizó y puso en valor el archivo tras años de abandono. Próspero de Bofarull inició una saga familiar de renombrado prestigio en Cataluña. Su hijo Manuel Bofarull i de Sartorio (1816-1892), notable historiador, heredaría su cargo de archivero entre 1850 y 1892. Otro ilustre Bofarull es su sobrino Antonio Bofarull i Broca (1821-1892), historiador, poeta, dramaturgo y autor de Confederación catalano-aragonesa (1872), obra que también apuntalaría la senda nacionalista al conferirle al Condado de Barcelona el mismo estatuto que al reino de Aragón. Así, a la manipulación documental de Próspero, explica José Luis Corral Lafuente, profesor y miembro del departamento de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza, se añadió la "tergiversacion de conceptos". Porque este calificativo de "confederación" que lanzaba Antonio Bofarull derivaría pronto en otros de mayor calado. Como el de "Corona Catalano-Aragonesa", término que se justificó por la unión, en 1150, del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, con Petronila, la heredera del rey de Aragón Ramiro II el Monje.
Se trataba de una unión matrimonial y dinástica, pero nunca política, como asevera José Luis Corral Lafuente, autor de Historia contada de Aragón (2010): "El Condado de Barcelona era un estado soberano en el siglo X, con usos y leyes propias, pero nunca un reino". Pese a ello, la ilusión del reino catalán aún sigue vigente en la web de la Generalitat, que sobre el matrimonio de Berenguer IV y Petronila dice: "La unión, aplaudida por los nobles aragoneses, permitió que cada uno de los dos reinos conservara su personalidad política, sus leyes y costumbres...". Del archivero del siglo XIX al nacionalismo del XXI: la extensión de una mentira histórica.
Los registros manipulados por Próspero de Bofarull (1777-1859) del Llibre del Repartiment, no sólo tenían por objeto maquillar que los catalanes fueron minoría en la conquista y repoblación del reino de Valencia por detrás de aragoneses y navarros. Pretendían además cimentar la preeminencia de la lengua catalana sobre el valenciano, dando fuelle a que ésta habría surgido como influencia del catalán, tal y como explica a Crónica la filóloga María Teresa Puerto, alumna de Ubieto y autora de Cronología histórica de la Lengua valenciana (2007).
Perpetuar una historia falsa
*Próspero de Bofarull reprodujo los documentos -con las omisiones- en su obra Colección de Documentos Inéditos de la Corona de Aragón, más conocida como CODOIN, editada entre 1847 y 1856, manual que se usó como referencia por muchos historiadores.
La importancia de estas manipulaciones del siglo XIX hay que enmarcarlas en el contexto del momento. Surgieron al calor de la Renaixença, movimiento de la recuperación de la lengua catalana, del que la familia Bofarull, sobre todo Antonio Bofarull i Broca, fue protagonista indiscutible. Los Renaxentistas, buscando una grandeza y una identidad nacional, impulsaron leyendas y mitos de la Edad Media como germen del catalanismo. Un ejercicio de "historia presentista", como lo cataloga José Luis Corral Lafuente, consistente en proyectar los deseos del presente en el pasado. Entre las piezas de antaño que se recuperaron está el antes citado Llibre dels Feyts d'armes de Catalunya, una obra que narra la historia de Cataluña desde los tiempos más primitivos hasta el reinado de Alfonso V el Magnánimo (1396-1458) y que se había datado en 1420. Así se creyó hasta que en 1949 los medievalista Miquel Coll i Alentorn y Martí de Riquer desvelaron en Examen Lingüístico del Llibre dels Feyts d'armes de Catalunya que el verdadero autor era Joan Gaspar Roig i Jalpí (1624-1691) y que estaba escrito en el siglo XVII. El falsificador había tratado de emular el lenguaje del siglo XV pero no lo había logrado del todo.
El testamento desaparecido
Es una verdadera pena que la desaparición del primer testamento de Jaime I, de 1241. Su importancia reside en que era el único -hubo tres más en 1243, 1248 y 1262- en el que se establecían los límites de cada reino resultante de las conquistas del rey aragonés: los reinos de Aragón, Valencia y Mallorca y el condado de Barcelona. Se tiene constancia de parte de su contenido porque el historiador Jerónimo Zurita cita su contenido en Anales de la Corona de Aragón (1562 -1580). No está claro cuándo pudo perderse, o sustraerse, pero sí que en él no constaba ninguna intención por parte de Jaime I de otorgar a Cataluña otra consideración que no fuera la de condado feudal. Tras el ultimo testamento (1262), el condado de Barcelona siguió unido al reino de Aragón en la figura de Pedro II, hijo de Jaime I, y rey de Aragón y conde de Barcelona.
En paralelo a las manipulaciones se fueron construyendo otros mitos nacionales, como el de la propia senyera, bandera ahora de la comunidad autónoma de Cataluña. La cuatribarrada, propia del reino de Aragón, en tiempos de Jaime I no era ni siquiera una bandera, pues este es un concepto moderno, sino el emblema medieval de la casa de la Corona de Aragón, otorgado por el Papa a sus vasallos: cuatro barras doradas sobre fondo rojo.
El origen de su vinculación con el Condado Cataluña se atribuyó a la leyenda de Wifredo el velloso (840-897), fundador de la Casa Condal de Barcelona. Este caballero catalán habría sido herido tras socorrer a un emperador Franco en la batalla. Entonces el emperador mojó sus manos en la sangre de Wifredo y trazó sobre su escudo dorado las cuatro franjas. El medievalista catalán Martí de Riquer refutó la leyenda atribuyéndola a la "manía de buscar orígenes místicos en la heráldica" y, en concreto, a una crónica de 1555 del valenciano Pere Antón Beuter, que a su vez se habría inspirado en otro relato del castellano Hernán Mexia.
Mas relevante es el sitio de Barcelona en 1714 por parte de las tropas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión (1701-1715). El historiador Ricardo García Cárcel cuestiona que el pueblo catalán se alzara en armas contra los castellanos. Lo define como una lucha entre los partidarios del borbón Felipe V y los del archiduque Carlos, de los Austria. Rafael Casanova (1660-1743), un jurista que se erigió como defensor heroico durante ese sitio, fue exaltado también en la Renaixença del siglo XIX, cuando en 1863 se le dedicó una calle y después una estatua en Barcelona, en 1888, durante la Exposición Universal. Casanova, que aparece como figura central en el cuadro de Antoni Estruch i Bros, 11 de septiembre, enarbolando no la senyera sino la bandera de Santa Eulalia que identifica la ciudad Condal, defendió la causa del archiduque Carlos, y sobrevivió a la batalla para seguir ejerciendo como hombre de leyes hasta su muerte, en 1743.
Para historiadores como José Luis Corral Lafuente, la cascada de manipulaciones sólo han servido para restar credibilidad al rico legado de un condado que fue soberano e influyente sin necesidad de estas falsificaciones y leyendas más acordes con los anhelos de independencia del sector catalanista.
* Publicado en Crónica de El Mundo 8/9/2013