Lo Crit del Palleter

Lo Crit del Palleter
El palleter Vicente Domenech, patriota valenciá. Cuadro pintat per Joaquín Sorolla

lunes, 21 de septiembre de 2015

Los mozárabes valencianos por Don Roque Chabas

Don Roque Chabas, historiador valenciano y académico de la real Academia de Historia, demostró la existencia de mozárabes en Valencia.
Poco sabemos sobre aquellas luchas de la fe en la iglesia mozárabe, respecto á nuestro reino de Valencia; pero nos parece que no debieron desaparecer tan fácilmente de él los cristianos, cuando en el siglo XI aparecen éstos con vida. No falta autor arábigo que diga que el primer rey de Denia, Mochehid, era de origen cristiano; lo que parece probado es que no era muy fervoroso musulmán, pues hijo de una cristiana, que conservaba en su compañía, y que, hecha prisionera con toda la familia en Cerdeña, no quiso ser rescatada, eligiendo vivir entre la gente de su religión, algún afecto debía de profesar á los cristianos; de cuyos sentimientos debió de participar su primogénito Alí, educado desde los 7 años, en que cayó prisionero, hasta su rescate en el año 423 de la hégira, ó sea durante dieciseis ó diecisiete años en la corte del señor, á quien había cabido en suerte al distribuir el botín. Rescatado al cabo de tantos años, su padre le enseñó el islám, que aceptó sinceramente, pues fué buen musulmán; circuncidado en la edad viril, la operación le produjo grave enfermedad6. Así es que Mochehid, que era muy astuto, tuvo amistad con los condes de Barcelona, en lo cual le imitó Alí, su sucesor en Denia y las Baleares.

En el cartulario de la catedral de Barcelona existe copia de un documento, que sacaron á luz Marca y Flórez, y conoció ya Diago, el cual es una prueba palmaria de que en la primera mitad del siglo XI existían bastantes cristianos en esta región. Aprueban la concesión del señor de Denia los obispos de Arlés, Magalona, Narbona y Urgel, presentes en Barcelona con motivo de la inauguración de su templo catedral. En el dicho documento se consignó que Mochehid había, en tiempos pasados, puesto bajo la jurisdicción del obispo de Barcelona, Gislaberto, las islas Baleares, y á continuación se dice que, siguiendo aquella amistad, el rey Alí ben Mochehid concede, a petición y en favor de dicho Gislaberto, «omnes Ecclesias et Episcopatum Regni nostri, quæ sunt in insulis Balearibus et in urbe Denia»: luego había aquí iglesias, y por consiguiente mozárabes. Aún está más claro lo que sigue, pues dispone: «ut omnes clerici, Presbiteri et Diaconi in locis preæfatis commorantes... minime conentur deposcere ab aliquo Pontificum ullius ordinationem clericatus, neque chrismatis sacri confectionem, neque cultum aliquem ullius clericatus, nisi ab Episcopo Barchinonensi.» La concesión es ciertísima; y consta por documentos posteriores que estuvo en vigor larguísimo tiempo. En el mayor esplendor de su poderío, tuvo Denia iglesias mozárabes.


También nos proporcionan pruebas de la existencia de cristianos en este reino, y en particular hacia la parte de la montaña, entre las provincias de Valencia y Alicante, las excursiones del Cid por estos lugares. Está probado que el héroe burgalés tenía asegurada su retaguardia en Peña Cadiella, hoy sierra de Benicadell, frente á Mariola, y que desde allí bajaba por las gargantas de aquellos montes hacia Denia y Gandía, ó bien por Játiva á Cullera y Valencia. Servíale de punto de apoyo en todas sus excursiones la fortaleza que había dispuesto en Peña Cadiella, y desde ella comunicaba fácilmente con Castilla por Villena. Sabía ya entonces el Cid lo que dos siglos después tenía averiguado el Conquistador.

Nos refiere éste en su Crónica que los moros que se habían quedado en el reino «faeren cap d'Alaçrach... e combatíen Penacadel». Convocó el rey al obispo, ricos-hombres y caballeros, para acordar lo necesario á esquivar aquel peligro, y al exhortarles á salir á la defensa de aquel fuerte castillo, asilo antiguo del Cid, les dice estas palabras: «car si Penacadel se perdía, lo port de Cocentayna se perdría, que no gosaría hom anar a Cocentayna, ni Alcoy, ni a les partides de Sexona, ni a Alacant per negun loch, e sería gran desconort dels chrestians.» Lo mismo que don Jaime, conoció antes el Cid; pero ¿era posible allí su situación, á no tener apoyo en gente de aquellos valles? Para que se lo prestaran era preciso que hubiera entre ellos muchos cristianos.

Efectivamente, en una de las capitulaciones del Cid con los de Valencia, se convinieron en que la guarnición de ésta, hasta la entrega definitiva, «se compondría de cristianos, escogidos entre los mozárabes que habitaban la ciudad y arrabales.» Lástima que el autor que nos da la noticia no acote su procedencia.


Dueño el Cid de la codiciada ciudad, sabemos que restituyó al culto cristiano la Mezquita aljama, y hasta aseguran algunos que ocho más. En Almenara, el Puig y Murviedro hizo lo mismo, resonando el nombre de Cristo durante algunos años allí donde se había invocado el de Mahoma. Han dicho algunos que la mezquita principal fué dedicada á San Pedro, pero la crónica leonesa asegura terminantemente que «Sanctæ Mariæ Virginis ad honorem.» Conocido es10 su obispo D. Jerónimo.

Muerto el Cid, volvió Valencia á poder de moros, y profanadas las nuevas iglesias, continuó el culto donde los antiguos asientos lo permitían. Alfonso el Batallador, poco después, invadió las tierras valencianas, atacó á la capital y luego á Alcira y Denia; pero sin detenerse á rendirlas, no paró hasta Granada y Vélez Málaga (1125). No era empresa fácil la correría de este intrépido rey de Aragón; más aún, no era posible sin alguna connivencia con los de las tierras por donde pasó. No parecerá exagerado que supongamos que eran cristianos los que le ayudaban, cuando á socorrer á los mozárabes andaluces se dirigía. A fines del siglo XII hace otro monarca aragonés el mismo camino, y acaso con los mismos auxilios. D. Alfonso II, en 1172, entra en el reino de Valencia y consigue vasallaje y tributos. Como su antecesor, llega hasta Andalucía y vuelve luego por el mismo camino. Más adelante veremos los resultados prácticos de esta excursión y nos persuadiremos más de la connivencia de los cristianos de este reino para facilitar el éxito. Por otra parte, cuando medio siglo después intentó D. Jaime I una excursión semejante, solo se atrevió á llegar hasta Cullera; y es que los campos estaban más deslindados en el siglo XIII y no era posible la cohabitación de cristianos y moros, y como las fronteras estaban cerca se buscaba con mayor facilidad la tranquilidad de vivir entre los suyos.

Pero justamente esto constituía á Valencia en lugar de refugio de los caballeros cristianos, que por cualquier causa se indisponían con sus señores. Uno de estos fué el célebre D. Blasco de Alagón, que permaneció en ella más de dos años. Las relaciones de estos caballeros hacían desear la conquista de una comarca, que por su fertilidad era la envidia de todos. D. Blasco decía al rey don Jaime11: «es la meylor terra, e la pus bela del mon... E no ha vuy deius Deu tan delitos logar com es la ciutat de Valencia, e tot aquel regne»; lo cual confirmaba el Maestre del Hospital, añadiendo: «axi ho diem tots aquels qui han estat al Regne de Valencia, e fama publica es».

Otro linaje de pruebas podríamos aducir en confirmación de la existencia en Valencia de mozárabes: los mismos nombres de los moros. En el libro del Repartimiento encontramos muchos sobrenombres, que claramente revelan su origen. Los que los llevan no son cristianos, pero precisamente lo serían sus padres ó antecesores. Por no ser difusos, solo citaremos los de Xempeteri (San Pedro), Aben Vives, Sancte Marini, Aben Lop (Lopez), Aben Sancho, Abualgumez (Gómez), Aben Fortun, Ferriz, Aben Calbo, Aben Bono, Abentauro y otros muchos. En Alcira había una partida llamada Alcanicia (ahora Alquenencia) y también otra lo mismo en el valle de Pop, cerca de Murla. Este nombre significa la iglesia de los cristianos.

Para reforzar nuestra tesis, podríamos aludir aquí el gran número de cautivos cristianos que consta había en Valencia, lo que fué motivo para que viniese á ella San Juan de Mata y después San Pedro Nolasco cinco veces, redimiendo á centenares de cristianos.

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