01/02/2014.- Ángel León / Director de Diálogo Libre
La decisión del Parlamento catalán de aprobar esta semana dos resoluciones rechazando la Ley de Lenguas de las Cortes de Aragón, revela, más allá del contenido de esas propuestas –centradas sobre la supuesta preservación de la unidad de la lengua catalana–, una querencia hasta hace poco oculta del nacional-independentismo: su vocación imperialista. Y esta constatación nos lleva a plantearnos otro aspecto derivado, un corolario: el separatismo catalán no persigue ya la independencia –o no sólo–, sino la hegemonía sobre una parte del territorio nacional, el antiguo Reino de Aragón, y una acelerada balcanización de España.
Sé que a algunos tal conclusión les resultará sorprendente, apocalíptica, inverosímil e irrealizable. Son los mismos, o casi, que desde hace 25 años vienen diciendo que no hay peligro con los nacionalistas de Cataluña, que sólo es una mera cuestión de buchaca, de alharacas y bravuconadas, pero eso de separarse de España, nada de nada (lo siguen diciendo aun con la que está cayendo). Pues ya estamos a las puertas de la secesión.
Creo modestamente que tanto el Gobierno, como el PP y el PSOE y la gran mayoría de la clase política española no han percibido realmente la situación en su justa medida. El nacional-separatismo catalán actual no se nuclea ya sobre CiU –su fundador, Jordi Pujol, sí ha visto claramente el problema–, sino sobre ERC y aledaños (CUP), del mismo modo que su meollo ideológico no gravita alrededor de la sola independencia de Cataluña, sino de algo mucho más ambicioso: la creación como entidad política de los Països Catalans (y la consiguiente aniquilación de España); una quimera, mera entelequia hace aún poco tiempo, pero una realidad más consistente cada día.
ERC está recogiendo la cosecha de lo sembrado en estos últimos años a instancias de la propia formación republicana. Realmente, el concepto de Països Catalans no fue durante mucho tiempo algo más que una hinchazón verbal del nacionalismo, un concepto pomposo, pero huero, brumoso e innocuo políticamente; nada más allá del spleen dominical y vespertino del nacionalista. Ciertamente, hubo ya tímidos intentos de penetración catalana en otros territorios, un germen de pancatalanismo en asuntos lingüísticos y de ‘reescritura’ de la historia, pero Pujol I estaba muy ocupado en crear las estructuras de ‘Estado’ para Cataluña en la enseñanza, en los medios de comunicación, etc., y no pudo acometer el proyecto.
La idea comienza a adquirir relieve político durante el primer gobierno tripartito de Pasqual Maragall al frente de la Generalidad y cuaja con el segundo, presidido por José Montilla, contando con ERC como socio y aliado en ambos ejecutivos. Ahora empezamos a ver cuál ha sido el precio pagado por el apoyo de los separatistas republicanos a los socialistas del PSC.
Conquista por el talonario
Se inició entonces la penetración vía chequera en parte de Aragón (La Franja de Ponent, la zona oriental de la comunidad aragonesa lindante con Cataluña, así denominada por los pancatalanistas), Baleares y, especialmente, en la comunidad de Valencia, sufragando con onerosos dispendios el ‘quintacolumnismo’ nacionalista en esas comunidades. El caso de Acció Cultural del País Valencià (ACPV), de Eliseu Climent, es un claro y costoso exponente. Como hemos denunciado reiteradamente en DIÁLOGO LIBRE, la Generalidad de Cataluña inyectó en el período de ‘los tripartitos’ (2003-2010) –y lo sigue haciendo en la actualidad– ingentes sumas a entidades como ésta para hacer un hueco social, político y mediático al pancatalanismo y favorecer su expansión en esas comunidades. En el caso de la ACPV, en el año 2004 se le concedió por la antigua Caixa Catalunya (hoy nacionalizada por sus abrumadoras pérdidas, fruto de una gestión nefasta) una hipoteca de 10 millones de euros para su nuevo local. ¿Saben quién la paga? La Generalidad de Cataluña, es decir los contribuyentes catalanes (y no catalanes) a razón de más de un millón anual (700.000 para amortizar el préstamo y casi 400.000 euros para diversas ‘actividades culturales’, según se publicó en el DOGC).
Fue Maragall quien, además de acuñar ese esperpéntico concepto de federalismo asimétrico, propio de una 'política cubista' o más bien surrealista, lanzó la idea, que no tuvo tanto eco mediático, de la Federación Catalano-Aragonesa; un intento de recuperar el Reino de Aragón, pero bajo control, hegemonía y férula de Cataluña; el Lebensraum pancatalanista. Una rapiña en toda regla, carente de cualquier épica y gesta heroica, puesto que se trata de una conquista silente, sotto voce, sin trompetería.
En eso estamos actualmente. Por ello, resulta superfluo cualquier intento de embridar a Artur Mas, un cadáver político. El actual presidente de la Generalidad es la víctima propiciatoria que se inmola cada día a lo bonzo. Él lo sabe perfectamente, como también sabe que, de no ocurrir nada imprevisto, CiU pasará a ser dentro de poco una formación secundaria. Quien realmente manda es Oriol Junqueras, y mandará más en Cataluña (y fuera de ella) si continúa el guión pancatalanista. En tal caso, la independencia está más que servida y, con ella, el inicio de la balcanización de España. Porque a nadie se le escapa que el independentismo vasco está a la espera de lo que acontezca en Cataluña para, a su vez, pasar a la ofensiva y, de entrada, zamparse Navarra de un bocado, y luego lo que venga.
Imposibilidades posibles
Si no se pone freno al soberanismo expansionista catalán, España puede deshacerse en poco tiempo como un castillo de naipes y, como mínimo, podría quedar fragmentada en tres porciones: Cataluña (el Imperio de Ubú), comprendiendo grosso modo el territorio del antiguo Reino de Aragón; el antiguo Reino de Navarra, pero bajo dominio vascongado, y lo que quede de España.
Tal posibilidad (fundada) sería el equivalente en política de lo que el físico teórico Michio Kaku considera imposibilidades de clase I para la Física: ‘Aquellas tecnologías que hoy son imposibles pero que no violan las leyes de la Física conocida. Por ello, podrían ser posibles en este siglo o en el próximo de forma modificada’. Sustituyamos ‘tecnologías’ por ‘situaciones’, ‘leyes de la física conocida’ por ‘leyes de la política española’ (la nauseabunda praxis política) y ‘en este siglo’ por ‘en este decenio’, por ejemplo. ¿Cuál podría ser el resultado y cuáles los escenarios? La imposibilidad puede dejar de serlo y convertirse en angustiosa realidad.
Los de siempre sonreirán con su estulticia altanera al leer estas líneas, sobre todo si están bien repantigados en confortables sillones de la imperial Madrid, esos mismos escaños que deshonran día a día con su proceder para vergüenza de los españoles que les pagamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario